Arm domina los chips de Apple y Google desde Reino Unido

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La valoración de Arm superó los 54.000 millones de dólares en septiembre de 2023. Esta cifra no es un accidente de mercado, sino el resultado de un modelo de negocio donde la compañía no fabrica el hardware, sino que vende la inteligencia detrás de él. Mientras Intel se centró en el control total de la producción y el diseño, Arm optó por licenciar su arquitectura, permitiendo que gigantes como Apple, Google, Nvidia y Amazon construyan sus propios procesadores bajo sus reglas.

El éxito actual reside en la eficiencia energética. La arquitectura de Arm consume significativamente menos energía que la estructura x86, lo que la convirtió en la opción obligatoria para la era de la movilidad.

El riesgo calculado de Acorn Computers

En 1983, Acorn Computers dominaba el mercado británico gracias al BBC Micro, un equipo que alcanzó las 1,2 millones de unidades vendidas. Sin embargo, el avance de la IBM PC y la Macintosh de Apple volvieron obsoletos sus sistemas. Sophie Wilson, desarrolladora de Acorn, identificó que la empresa necesitaba una CPU más potente que la existente, pero no encontraba ninguna en el mercado que cumpliera los requisitos de velocidad y gestión de memoria.

La solución fue fabricar su propio chip. Tras visitar plantas industriales en Israel y Arizona, el equipo de Acorn se convenció de que era viable diseñar una CPU propia, inspirándose en documentos de IBM sobre el RISC (Reduced Instruction Set Computing).

A diferencia de los diseños complejos de la época, el enfoque RISC simplificaba el número de instrucciones, lo que reducía la complejidad del diseño y permitía ejecutar instrucciones de forma simultánea. Wilson y su equipo optaron por un diseño de 32 bits, dejando de lado los 16 bits para garantizar la simplicidad interna. El proyecto, bautizado como Advanced RISC Machine (Arm), tomó 18 meses y apenas 10 personas.

Un detalle técnico accidental terminó definiendo el futuro de la industria. Debido a que los equipos para medir la corriente eran primitivos, el chip terminó funcionando con un consumo de energía extremadamente bajo. Lo que nació como una limitación de medición se convirtió en la ventaja competitiva más disruptiva de la historia de los semiconductores.

La fragilidad del inicio y la apuesta de Apple

Para 1985, Acorn estaba en crisis. El BBC Micro había muerto frente a los clones de IBM y la empresa tuvo que vender acciones a Olivetti para sobrevivir. Intentaron lanzar la computadora Archimedes en 1987, pero el sistema operativo planeado, el Arx, llegó tarde. La compañía se encontraba en una situación desesperada: tenían un procesador revolucionario que nadie quería comprar porque no había una máquina que demostrara su potencia.

La salvación llegó desde California. Dos ingenieros de Apple, Tom Pitard y Pay Gabarini, habían desarrollado un prototipo llamado Mobius que utilizaba la CPU de Arm. Aunque la gerencia de Apple descartó el proyecto, Larry Tweiler, encargado del Apple Newton, vio en Arm la pieza fundamental para su dispositivo.

En noviembre de 1990 se formalizó una joint venture entre Apple, Acorn y VLSI Technology. Apple invirtió 3 millones de dólares por el 30% de las acciones, mientras Acorn transfería la propiedad intelectual y 12 empleados. Así nació Advanced RISC Machines Ltd, operando inicialmente desde una granja de pavos en Cambridge.

Robin Saxby asumió el liderazgo de la empresa tras un episodio azaroso. Según cuenta la historia, Saxby aceptó el cargo después de que su hija de 11 años lanzara un dado y saliera un seis, prediciendo que se haría millonario en el puesto.

El giro estratégico hacia las regalías

Saxby implementó un modelo de negocio inspirado en su paso por Motorola: dejar de vender chips y empezar a vender licencias. Arm ya no fabricaría hardware; diseñaría la arquitectura y cobraría una regalía por cada chip producido por terceros. Al principio, el dinero era escaso y las licencias se vendían a fabricantes de módems y faxes, sectores con márgenes mínimos.

El flujo de caja real llegó en 1993 con el lanzamiento del Apple Newton. Aunque el dispositivo fue un fracaso comercial con solo 60.000 unidades vendidas, las regalías permitieron a Arm duplicar su plantilla a 60 empleados.

La verdadera consolidación ocurrió gracias a una alianza con Texas Instruments y Nokia. En 1994, el acuerdo permitió que la arquitectura Arm7 llegara a los teléfonos finlandeses. El Nokia 8110, famoso por aparecer en la película Matrix, fue el primer GSM con núcleo Arm. Este contrato validó la tecnología ante el mundo y atrajo a Sharp, Samsung y NEC.

Para 1998, Arm ya cotizaba en bolsa con ingresos de 44 millones de dólares y una ganancia superior a los 8 millones. La empresa no era la líder absoluta en RISC, pero era la de crecimiento más acelerado.

La transición de Apple hacia los chips M3

Durante años, el dominio de Arm se limitó a los smartphones y tablets. El mercado de las laptops y servidores seguía siendo el feudo de Intel y su arquitectura x86. Sin embargo, en 2020, Apple ejecutó el movimiento más agresivo de la década al romper su relación de 15 años con Intel y lanzar sus propios procesadores basados en Arm.

Esta migración permitió que las MacBook y iMac alcanzaran autonomías de batería de hasta 22 horas en los modelos Max. El lanzamiento de los chips M3 consolidó una tendencia: si el líder en diseño de hardware podía abandonar x86, otras compañías también lo harían.

El impacto fue sistémico. El mercado de servidores comenzó un proceso de 'componentización', segmentando las partes del servidor para facilitar la adopción de Arm. Amazon Web Services ya había anticipado esto en 2018 con el lanzamiento de Graviton, su microprocesador rival de Intel.

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Apple extendió su acuerdo con Arm hasta el año 2040, asegurando la base tecnológica de sus futuros equipos.

Conflictos legales y la amenaza de RISC-V

El crecimiento de Arm no ha estado exento de fricciones. Actualmente, la compañía mantiene un litigio contra Qualcomm. El conflicto surgió cuando Qualcomm adquirió Nubia, una empresa que ya poseía una licencia de Arm. Qualcomm sostiene que la compra le otorga los derechos de uso, mientras que Arm afirma que los términos de las licencias son individuales y no transferibles.

Al mismo tiempo, aparece una amenaza en el horizonte: RISC-V. Se trata de una arquitectura de fuente abierta que ha despertado el interés de Google, Samsung y Qualcomm, precisamente cuando el intento de compra de Arm por parte de Nvidia fracasó en 2020.

Arm reconoce la presencia de RISC-V en diseños simples o de baja potencia, pero sostiene que su posición es superior en procesadores de alto rendimiento. La barrera principal para cualquier competidor no es solo el silicio, sino el software. Crear un ecosistema de aplicaciones compatible con una nueva arquitectura requiere años de desarrollo, una ventaja temporal que Arm posee sobre sus rivales.

El tablero geopolítico y el mercado chino

China representa el 20% del negocio global de Arm. El mercado allí ha evolucionado; ya no se trata solo de teléfonos, sino de centros de datos y vehículos autónomos. En 2018, la operación de Arm en China se convirtió en una entidad independiente con inversores locales para fomentar la investigación y el desarrollo de productos exclusivos.

No obstante, la guerra comercial entre Estados Unidos y China ha convertido a los semiconductores en activos estratégicos. Estados Unidos y China han implementado controles de exportación de materias primas y componentes, transformando la cadena de suministro en un escenario de tensión militar.

Arm ha logrado navegar estas aguas cumpliendo las regulaciones de exportación, aunque enfrenta la competencia interna china. Algunos ex empleados han fundado nuevas empresas de diseño en Shenzhen con apoyo gubernamental, lo que provocó una caída del 5% en las acciones de Arm al anunciarse.

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La compañía confía en que la base de software instalada mantendrá a los clientes chinos vinculados a su arquitectura.

La carrera por el talento y la inteligencia artificial

El futuro de Arm se juega ahora en la IA y la automoción. La firma busca establecer la plataforma estándar para el software de conducción autónoma, una de las tareas computacionales más intensas de la actualidad. Para ello, utiliza la línea Neoverse, lanzada en 2018, enfocada en computación en la nube y alto desempeño.

A pesar de su posición, Arm enfrenta un problema crítico: la falta de mano de obra calificada. TSMC, la fundidora líder, ha reportado retrasos en sus fábricas de Arizona debido a la escasez de ingenieros.

La demanda de chips seguirá creciendo en los próximos 15 años, lo que ha desatado una guerra de talento similar a la de la primera revolución industrial. Arm se encuentra en el epicentro de esta batalla económica.

Si la compañía logra colonizar definitivamente el sector de los servidores, su valor estratégico será equiparable al de TSMC. El control de la arquitectura es, en última instancia, el control de la capacidad de cómputo global.

Arm posee 6.800 patentes activas en todo el mundo.

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