Mossad: así opera la agencia de inteligencia más letal

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El 18 de septiembre de 2024, miles de dispositivos de comunicación en Líbano se transformaron en armas letales. Lo que parecía un mensaje rutinario en vipers y walkie-talkies terminó en una serie de detonaciones coordinadas que eliminaron a doce líderes de Hezbolá y lesionaron a miles de personas, incluyendo a cuatro niños.

Esta operación no fue el resultado de un hackeo remoto. Fue una infiltración industrial.

¿Cómo logró el Mossad sabotear la logística de Hezbolá?

El servicio de inteligencia israelí identificó que los líderes de Hezbolá habían abandonado los teléfonos móviles para evitar el rastreo digital. Esta vulnerabilidad analógica permitió que el Mossad ejecutara una táctica moderna del Caballo de Troya. En lugar de intervenir los equipos existentes, la agencia creó una empresa pantalla llamada Back Consulting, una firma húngara con licencia para fabricar vipers de la taiwanesa Gold Polo.

Durante años, Hassan Nasrala presionó para que su organización invirtiera en estos dispositivos. Israel simplemente esperó a que el flujo de equipos aumentara en febrero de 2024.

El sabotaje fue quirúrgico.

Los agentes insertaron cargas de pocos gramos de explosivo PETN en los dispositivos antes de que llegaran a Líbano. A las 3:30 de la tarde del día del ataque, una señal activó las cargas. El resultado fue la decapitación inmediata de gran parte de la estructura de mando del grupo chiita.

El entramado operativo y el presupuesto del Instituto de Inteligencia y Operaciones Especiales

El organismo no es una entidad monolítica, sino un sistema dividido por especialidades. La división Sommet gestiona la red de agentes en el extranjero, mientras que Keset se encarga de la vigilancia electrónica y las escuchas. Para las acciones más agresivas existe Caesaria, que alberga al grupo Kidon, los ejecutores de élite especializados en asesinatos.

Existe también la unidad Metzada, la contraparte de los equipos SEAL estadounidenses, enfocada en sabotajes y combate.

Toda esta estructura se sostiene sobre un presupuesto de 3.000 millones de dólares, una cifra que permite no solo el pago de operativos, sino la creación de un clúster tecnológico propio. El desarrollo de software de vigilancia como Pegasus demuestra que la agencia ya no solo opera con espías de campo, sino como una incubadora de tecnología bélica digital.

Responde únicamente ante la oficina del Primer Ministro.

Esta línea de mando directa, que evita la supervisión del parlamento israelí, convierte a la organización en el núcleo del estado profundo. El Primer Ministro nombra al jefe de la agencia sin necesidad de confirmaciones externas, otorgando una autonomía operativa que pocos servicios de inteligencia en el mundo poseen.

Operaciones que definieron el rigor de la captura y la ejecución

La fama de la agencia se cimentó en la Operación Garibaldi en 1960. Con apenas 80 empleados, el servicio logró localizar a Adolf Eichmann en Argentina, quien se ocultaba bajo el nombre de Ricardo Clement. Tras tres años de seguimiento, lo capturaron y lo trasladaron a Israel para ser juzgado y ejecutado.

A diferencia de la captura de Eichmann, la Operación Damocles en 1962 fue una campaña de terror contra científicos alemanes que diseñaban misiles para Egipto. El Mossad utilizó cartas bomba y secuestros para forzar la huida de los técnicos.

Esta agresividad provocó una crisis interna.

El primer ministro Ben Gurión, temeroso de que los ataques dañaran la relación con Berlín, ordenó detener la operación. Esto forzó la renuncia de Isser Harel, el jefe de espías que sostenía que ciertos criminales estaban marcados para morir.

La respuesta armada ante el terrorismo y el rescate en Uganda

Tras la masacre de atletas israelíes en Múnich en 1972, la primera ministra Golda Meir autorizó la Operación Ira de Dios. El objetivo no era la venganza ciega, sino generar una paranoia constante en los miembros de Septiembre Negro y la OLP.

David Kimche, vicejefe de la agencia, explicó que buscaban que los terroristas sintieran que el servicio estaba siempre sobre sus hombros. Entre 1972 y 1973, liquidaron a siete objetivos en Europa, aunque nunca alcanzaron a Abu Daud, el cerebro del atentado.

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Hubo misiones más complejas.

La Operación Thunderbolt en julio de 1976 es el ejemplo máximo de inteligencia aplicada al rescate. Un avión de Air France fue desviado a Uganda por secuestradores vinculados al Frente Popular para la Liberación de Palestina. El Mossad utilizó a los rehenes liberados para obtener los planos exactos de la terminal de un aeropuerto en desuso y el número preciso de captores.

Israel desplegó una fuerza tarea en dos C-130 Hércules y dos Boeing 707, volando a menos de 30 metros del suelo para evadir radares. La misión fue un éxito, aunque costó la vida a Jonathan Netanyahu, hermano del futuro primer ministro.

El riesgo del error y el impacto de la guerra de Yom Kippur

El poder del Mossad no es infalible. En 1973, la agencia cometió uno de sus errores más graves al no lograr que la cúpula política escuchara a sus informantes.

El espía egipcio Ashraf Marwan advirtió con un 99% de certeza que Egipto y Siria atacarían coordinadamente el día más sagrado del judaísmo.

Nadie en las altas esferas dio crédito a la advertencia.

El ataque sorpresa obligó a Israel a movilizar reservas en una situación crítica, donde los negocios y las calles quedaron vacíos porque toda la población estaba en combate. Aunque Israel logró frenar el avance egipcio y bombardear las afueras de Damasco, la experiencia dejó una cicatriz profunda sobre la fiabilidad de la inteligencia.

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La guerra digital y el sabotaje del programa nuclear iraní

La transición hacia el ciberespionaje alcanzó su punto máximo con la creación de Stuxnet. Este virus, desarrollado conjuntamente con la CIA, no buscaba robar datos, sino destruir infraestructura física.

En 2010, las centrifugadoras de uranio en Irán empezaron a autodestruirse. El gusano, probablemente introducido mediante una memoria USB por un técnico infiltrado, reprogramó las máquinas para que giraran a velocidades extremas y luego se detuvieran bruscamente.

La tensión mecánica desintegró la maquinaria.

Esta capacidad de ataque remoto se sofisticó aún más en 2020 con la liquidación de Mohsen Fakhrizadeh. El científico nuclear fue asesinado mediante un arma dirigida por inteligencia artificial desde satélites, operada a más de 1.600 kilómetros de distancia. Ningún agente israelí pisó suelo iraní durante el atentado.

El control es absoluto.

Desde la eliminación de Mahmud al-Mabhouh en Dubái, donde agentes Kidon usaron pasaportes robados para entrar en un hotel, hasta el uso de IA para disparar un fusil FN Mac de 7,62 mm, el servicio ha demostrado que la distancia geográfica es irrelevante. Esta capacidad operativa se complementa con la gestión de sus 7.000 empleados.

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