Ciudad de México enfrenta colapso por riesgos ambientales

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¿Puede sobrevivir una metrópoli de 21 millones de personas construida sobre un antiguo sistema de lagos y rodeada de volcanes? La Ciudad de México no enfrenta una crisis aislada, sino una convergencia de amenazas geológicas y climáticas que carecen de soluciones definitivas.

El agua asfixia y deseca a la capital mexicana

El agua define la tragedia de esta ciudad. Durante siglos, el problema fue el exceso. El diluvio de San Mateo, iniciado el 21 de septiembre de 1629, sumergió la urbe durante cinco años. Aquella inundación forzó el abandono de miles de familias y llevó a las autoridades de la época a plantear el traslado total de la capital hacia zonas más seguras.

Para combatir el agua, el hombre construyó el sistema de drenaje del Tajo de Nochistongo.

Esa lucha contra el entorno creó una paradoja destructiva. Al secar los lagos y priorizar la expulsión de la lluvia mediante desagües artificiales, la ciudad perdió la capacidad de recargar sus acuíferos. Constantino Toto, de la Universidad Autónoma Metropolitana, sostiene que la eficiencia del drenaje es, irónicamente, la causa de la escasez actual. El agua de lluvia se desperdicia mientras la ciudad importa el recurso de regiones distantes a través de presas.

La situación es crítica. El 40% del agua se pierde en fugas de la red de distribución.

¿Es viable el suministro hídrico ante el estrés extremo?

El miedo al 'día cero' es real. El calentamiento global y el fenómeno de El Niño han reducido drásticamente las precipitaciones, generando un déficit pluvial del 41.4%. El meteorólogo Cristian Domínguez Sarmiento advierte que tres años de sequía previa han dejado el suministro en un estado de fragilidad absoluta.

El escenario futuro es sombrío. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, México se encamina a un nivel de estrés hídrico extremo para 2028, equiparándose a Chile. El consumo de agua podría duplicarse debido a la expansión agrícola, la actividad industrial y el crecimiento poblacional.

La gestión gubernamental agrava la crisis. Mientras el Monitor de Sequía de México reportaba que el 62% del territorio sufría sequías en enero, el presupuesto para la Comisión Nacional del Agua disminuyó casi un 1%. El financiamiento para el mantenimiento de la infraestructura hidráulica cayó un 28.4%.

La amenaza sísmica que no da tregua

La historia de la ciudad está marcada por la subducción de la placa de Cocos bajo la placa norteamericana. El terremoto del Ángel en 1957, con una magnitud de 7.8, dejó cientos de muertos y miles de heridos. Fue un preludio del desastre de 1985.

Aquel 19 de septiembre de 1985, un sismo de magnitud 8.1 devastó el centro y sur del país. La capital sufrió el impacto más severo debido a su densidad y la naturaleza de su suelo. Las cifras oficiales hablaron de 3,192 muertos, aunque organizaciones externas estimaron la cifra en 20,000 fallecidos. El caos fue total: el metro suspendió servicios y los hospitales colapsaron.

Casi un año después, el presidente Miguel de la Madrid reportó 412 edificios destruidos.

El trauma se reactivó en septiembre de 2017. Primero, un sismo de 8.2 golpeó el Golfo de Tehuantepec el día 7. Luego, el 19 de septiembre, la ciudad enfrentó un sismo de 7.1 que dejó 228 muertos. La coincidencia de la fecha con el aniversario del desastre de 1985 generó un impacto psicológico profundo en la población.

¿Cuándo ocurrirá el siguiente gran sismo?

La incertidumbre científica se concentra en la denominada brecha de Guerrero. Esta zona de silencio sísmico no ha liberado tensión significativa desde 1911. Tras más de un siglo de acumulación de energía entre placas, la probabilidad de un evento superior a magnitud 8 es elevada.

Víctor Velasco Herrera, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM, utiliza inteligencia artificial para analizar datos históricos. Sus proyecciones sugieren que sismos fuertes de magnitud 7 o superior podrían manifestarse entre 2024 y 2028. No se trata de una adivinanza, sino de un cálculo basado en patrones de actividad sísmica recurrente.

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Existen matices. Algunos investigadores estadounidenses sugieren que la baja permeabilidad de la roca ígnea en la base de la placa norteamericana podría reducir la fricción y evitar la acumulación de energía masiva.

Los riesgos del suelo blando y los microsismos

La vulnerabilidad no es uniforme. La Secretaría de Protección Civil divide la capital en tres zonas: firme, transición y blanda. En la zona blanda, donde antes estaban los lagos de Texcoco y Xochimilco, las ondas sísmicas se amplifican.

Tlahuac, Iztapalapa y Cuauhtémoc son las alcaldías con mayor riesgo.

Aparecen también los microsismos. Raúl Valenzuela Wong explica que estas sacudidas resultan de la interacción entre el suelo volcánico y la corteza interna de la placa. Aunque suelen causar daños menores, su capacidad de destrucción aumenta si el epicentro es cercano. El doctor Luis Antonio Domínguez Ramírez advierte que sismos intraplaca, como el de Acambay en 1912, son raros pero devastadores.

El hundimiento y la inestabilidad del terreno

La Ciudad de México se hunde. La extracción de agua y la composición del suelo provocan que la capital descienda hasta 30 centímetros por año en algunas zonas.

Este fenómeno afecta la red de abastecimiento y provoca la inclinación de edificios. El riesgo se extiende a los deslaves. En 16 alcaldías, más de 70 colonias enfrentan amenazas de derrumbes por el reblandecimiento de la tierra. En la colonia La Pastora, las filtraciones pluviales erosionan la base de las rocas, generando un peligro constante de desprendimientos.

Volcanes y el colapso de la movilidad urbana

El volcán Popocatépetl se encuentra a 70 kilómetros de la urbe. Una erupción mayor transportaría ceniza volcánica hacia la capital, afectando la salud respiratoria y paralizando el transporte. A esto se suma una noticia reciente de la UNAM: la posible formación de un nuevo volcán en la Sierra Chichinautzin. Se trataría de volcanes monogenéticos, que hacen erupción una sola vez.

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El colapso también es cotidiano y logístico. El índice TomTom Traffic sitúa a la capital en el puesto 13 mundial de congestión.

Los habitantes pierden aproximadamente 152 horas anuales en el tráfico. La psicóloga Aid Berny Betancurt señala que este estrés genera un efecto dominó hormonal y emocional que reduce la productividad y altera la salud mental de los ciudadanos.

La infraestructura no soporta el crecimiento. Mientras el agua se escapa por tuberías rotas a un ritmo de 14,000 litros por segundo, la ciudad sigue expandiéndose sobre un terreno que se hunde y se sacude.

La capital mexicana permanece asentada sobre un valle que rechaza la urbanización masiva.

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