
En diciembre de 1941, Franklin Delano Roosevelt observó que gestionar la logística de una guerra global con 24.000 empleados distribuidos en 17 edificios distintos en Washington era un error estratégico. La urgencia del ataque a Pearl Harbor transformó una necesidad administrativa en una carrera contra el reloj. Así nació la estructura que hoy define el mando militar de Estados Unidos.
El proyecto se ejecutó en un tiempo récord de 16 meses. Los constructores terminaron la obra el 15 de enero de 1943, aunque el proceso fue caótico. La presión era tal que los trabajos comenzaron antes de que los arquitectos finalizaran los planos generales.
¿Por qué eligieron un polígono para el Pentágono?
La decisión no respondió a una excentricidad estética, sino a una optimización pragmática del terreno y los recursos. El diseño de cinco lados se ajustaba mejor a la parcela disponible y a la red de carreteras circundantes en el condado de Arlington, Virginia.
Además, los planificadores buscaron reducir las distancias de desplazamiento. El modelo pentagonal permite que cualquier persona llegue a cualquier punto del edificio en menos de diez minutos.
Esta geometría facilitó la instalación de los servicios de plomería y electricidad. Las líneas rectas simplificaron la construcción en comparación con un círculo, permitiendo que las cinco cuñas se ocuparan progresivamente a medida que se terminaban.
El hormigón sustituyó al acero por razones bélicas
Durante la Segunda Guerra Mundial, el acero era un recurso crítico destinado prioritariamente a la fabricación de barcos, tanques y municiones. El gobierno decidió minimizar su uso en la infraestructura administrativa para no mermar el esfuerzo armamentístico.
Para solventar esta carencia, los ingenieros recurrieron al hormigón. Utilizaron 680.000 toneladas de arena y grava extraídas directamente del río Potomac para levantar los muros y cimientos.
Esta elección material condicionó la arquitectura del inmueble. Al ser una estructura baja de solo cinco plantas, los diseñadores prescindieron de los ascensores para el personal, priorizando rampas y escaleras. Solo el Secretario de Defensa disponía de un ascensor privado hasta 2011.
Una arquitectura marcada por la segregación racial
El Pentágono nació bajo las leyes de Virginia de la década de 1940, que obligaban a separar los baños para blancos y afroamericanos. El Coronel Leslie Groves, supervisor de la obra, ordenó construir el doble de sanitarios de los necesarios para cumplir con la normativa estatal de segregación.
Cuando Roosevelt inspeccionó la obra en 1942, se sorprendió ante la cantidad excesiva de baños. Tras conocer el motivo, el presidente ordenó que se aplicara su orden ejecutiva contra la segregación por color de piel.
Gracias a esta intervención, los baños nunca fueron etiquetados. El edificio se convirtió, irónicamente, en la primera estructura no segregada del estado de Virginia.
El refugio secreto del capitán Robert Foreman
La disciplina del Coronel Groves era legendaria y abrasiva. El capitán Robert Foreman, uno de sus asistentes, sufría la presión constante de un supervisor que exigía resultados inmediatos y disponibilidad total.
Para evitar las reprimendas y optimizar su tiempo, Foreman habilitó un apartamento sin ventanas oculto entre las paredes del edificio. Allí dormía y se duchaba en secreto, evitando el trayecto diario a su hogar.
Años después, Foreman regresó al edificio por motivos laborales y descubrió que su estancia clandestina permanecía intacta. Este espacio se convirtió en un anacronismo arquitectónico olvidado durante décadas.
¿Cómo es la seguridad actual del edificio?
El complejo es una de las estructuras más vigiladas del planeta. Cuenta con su propia unidad, la Agencia de Protección de la Fuerza del Pentágono, y dispone de sistemas avanzados contra ataques químicos, biológicos, radiológicos y nucleares.
Tras los atentados de 2001, el edificio pasó por un proceso de reconstrucción denominado Proyecto Fénix. Esta renovación se centró en las cuñas uno y dos, trasladando los centros de comando al sótano y modernizando las comunicaciones.
Las ventanas exteriores fueron sustituidas por paneles de un material avanzado resistente a explosiones. Cada panel tiene un espesor de casi 4 centímetros y pesa una tonelada. Para reforzar la seguridad, integraron paneles de Kevlar capaces de detener la metralla de una detonación.
La logística de la Instalación de Entrega Remota
El flujo de materiales es masivo. Diariamente llegan unos 250 camiones con paquetes y correspondencia. Para evitar que este tráfico comprometa la seguridad del núcleo, existe la Remote Delivery Facility (RDF).
Esta instalación de 23.000 metros cuadrados funciona como un filtro exhaustivo. Los vehículos pasan por espejos de revisión inferior y los conductores por detectores de metales. Todo el correo es escaneado por rayos X antes de ingresar al edificio a través de un túnel seguro.

El extravío de Eisenhower y la movilidad interna
La inmensidad del edificio puede resultar desorientadora incluso para la alta jerarquía. Cuando Dwight Eisenhower regresó de Europa para asumir el cargo de jefe del Estado Mayor, se perdió buscando su propia oficina. Tuvo que solicitar ayuda a unas taquígrafas para localizar su despacho.
Para mitigar este problema, el personal utiliza una flota de scooters autopropulsados que se desplazan a un máximo de 5 km/h.
El edificio cuenta con 27 kilómetros de pasillos. En la era del papel, existía una brigada de mensajeros en patines que aseguraba la circulación de documentos entre los cinco anillos concéntricos.
El puesto de perritos calientes que confundió a la URSS
Durante la Guerra Fría, la inteligencia soviética vigilaba Washington mediante satélites. Detectaron que miles de personas convergían diariamente en un punto específico del patio central del Pentágono.
La URSS concluyó que allí se encontraba un búnker secreto o un centro de mando crítico. Por ello, el lugar fue priorizado en sus listas de objetivos estratégicos para un eventual bombardeo.
La realidad era mucho más banal. El punto de alta concentración era simplemente un puesto de venta de hot dogs donde los empleados hacían una pausa para comer.
Incidentes y protestas en la sede del mando
El edificio no ha estado exento de conflictos internos y externos. En mayo de 1972, la organización Weather Underground detonó una bomba en un baño femenino. Aunque causó daños estructurales, no hubo heridos.
En 1967, el inmueble fue el epicentro de las protestas contra la guerra de Vietnam. Un grupo de manifestantes intentó realizar una levitación del edificio mediante un ritual de exorcismo. El Departamento de Defensa, con un sentido del humor pragmático, permitió la acción siempre que el edificio no se elevara más de 90 centímetros.
El 21 de octubre de ese año, unas 35.000 personas marcharon contra la guerra. La imagen de George Harris colocando claveles en los fusiles de los soldados quedó como el símbolo de aquel enfrentamiento.

El Salón de los Héroes y el reconocimiento al valor
Dentro de sus muros, el Pentágono mantiene la memoria de quienes han servido con distinción. El Salón de los Héroes, inaugurado en 1968, exhibe los nombres de más de 3.500 personas que han recibido la Medalla de Honor desde la Guerra Civil.
Entre los nombres destaca la doctora Mary E. Walker, cirujana que cruzó líneas enemigas para atender heridos. Es la única mujer en la historia que ha sido galardonada con esta distinción.
El edificio también alberga un monumento con 184 bancos iluminados, uno por cada víctima del atentado del 11 de septiembre de 2001.
Una estructura que perdió su récord mundial
Hasta hace poco, el Pentágono era el edificio de oficinas más grande del mundo. Con 620.000 metros cuadrados, superaba ampliamente la capacidad del Empire State Building.
Sin embargo, el 17 de diciembre de 2023, fue desplazado por la Bolsa de Diamantes de Surat en India. El nuevo complejo, la SDB, alcanza los 660.000 metros cuadrados distribuidos en nueve torres interconectadas.
El Pentágono sigue siendo la sede de tres componentes fundamentales: el Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea. Alberga a unas 26.000 personas y cuenta con seis códigos postales diferentes, a pesar de estar técnicamente en Virginia.
El complejo mantiene una contradicción arquitectónica: es la estructura de mando más poderosa de la historia, pero sus ocupantes y la Comisión de Bellas Artes la describieron durante décadas como un lugar bajo, aburrido y feo, con una altura de solo 23 metros.