
China produce más de lo que el planeta puede absorber y el resultado es una deflación exportadora que amenaza la estabilidad de sus propias fábricas. El modelo de crecimiento basado en la maquila masiva ha chocado contra un muro de demanda global debilitada y una geopolítica hostil.
¿Por qué el modelo de exportación chino ha dejado de funcionar?
Pekín cimentó su ascenso como la fábrica del mundo mediante una combinación de salarios bajos, ausencia de sindicatos y un control estatal absoluto. Esta estructura permitió que las empresas avanzadas relocalizaran su producción en territorio chino buscando eficiencia y costos mínimos.
Sin embargo, el tablero cambió. El impacto prolongado de la crisis sanitaria, sumado a las sacudidas económicas derivadas de la guerra en Ucrania y el conflicto en Gaza, ha asfixiado la salida de los productos chinos.
Hoy, la maquinaria industrial de China genera un volumen de bienes que el mercado internacional no demanda. Para evitar que el stock se acumule, Pekín ha recurrido a una estrategia agresiva: vender productos masivamente y a precios extremadamente bajos.
San Francisco y el juego de poder entre Xi y Biden
La cumbre de noviembre en San Francisco no fue un simple ejercicio de diplomacia, sino una partida de ajedrez donde cada detalle de protocolo ocultaba una intención táctica. Xi Jinping intentó inicialmente reunirse con empresarios en el marco de la APEC para proyectar influencia económica, pero Washington vetó la propuesta.
Esta insistencia de Pekín en utilizar a figuras empresariales o políticos con vínculos históricos en Washington —como ocurrió con la visita de Henry Kissinger en julio— revela que China sigue apostando por canales informales para mitigar la presión estadounidense.
La relación estuvo marcada por la tensión. Tras el incidente del globo espía, Xi se negó durante semanas a atender las llamadas de Joe Biden, provocando la cancelación de una visita del secretario de estado Anthony Blinken. Cuando Blinken finalmente viajó a China en junio, los medios estatales presentaron al funcionario estadounidense como un suplicante.
Fragmentación política como ventaja táctica para Pekín
China observa con atención las grietas internas de la democracia estadounidense. Para el gobierno chino, la división entre el poder ejecutivo y el legislativo en Estados Unidos es una debilidad explotable.
Cualquier acuerdo firmado por la Casa Blanca depende de la aprobación del Congreso, un cuerpo que recientemente operó semanas sin presidente en la cámara baja y donde el control republicano bloquea sistemáticamente las iniciativas de Biden.
A esto se suma la presión de los aliados de Washington. Desde Europa hasta Australia, los socios de la estrategia de contención exigen que la rivalidad no derive en un conflicto armado.
China busca tiempo mientras su economía se agrieta
El objetivo primordial de la cumbre en San Francisco era ganar tiempo. Tras apoyar la agresión rusa en Ucrania, Pekín descubrió que Occidente reaccionó con una velocidad de alianza inesperada.
El anhelo de recalibrar alianzas
China necesita espacio para ajustar su estrategia y retomar la meta de superar a Estados Unidos. Por ello, los medios chinos mostraron una benevolencia inusual justo antes de la reunión, aunque esto es solo parte de un ciclo de amor y odio.
Mínimos alcanzados
Ambas potencias lograron acuerdos básicos: la reanudación de contactos militares y la lucha contra los precursores de enervantes sintéticos. No obstante, China buscaba desesperadamente que Washington moderara las tendencias independentistas de Taiwán y relajara las restricciones a la exportación de tecnología.
Caída libre de las exportaciones y el fracaso del consumo interno
El contexto económico es crítico. En octubre, las exportaciones chinas cayeron por sexto mes consecutivo, registrando un descenso del 6,4% respecto al año anterior. Esta cifra superó ampliamente la caída del 6,2% del mes previo y pulverizó la predicción de los analistas, que esperaban un descenso del 3,5%.
Esta tendencia no es aislada; gigantes como Corea y Taiwán también reportan ventas externas en descenso. El Fondo Monetario Internacional prevé una ralentización global, aunque estima que Estados Unidos evitará por poco una recesión el próximo año.

Ante la falta de demanda externa, China debería pivotar hacia su mercado interno. Pero el camino está bloqueado. El gobierno ajustó el sector inmobiliario para frenar el endeudamiento, destruyendo el motor que generaba más de un tercio del PIB y la principal fuente de inversión de la clase media.
Dumping industrial y la guerra de precios artificiales
China está inundando la economía global con autos eléctricos y paneles solares a precios que sus competidores no pueden igualar. El país reduce sus precios hasta en un 20%, sostenidos por subsidios gubernamentales masivos.
La Unión Europea ya inició investigaciones antidumping debido a que los productos chinos desplazan la industria local. India y Vietnam siguen el mismo camino, investigando desde componentes de muebles hasta torres de viento.
Pekín argumenta que se trata de proteccionismo. Sin embargo, la evidencia apunta a subsidios directos. Gobiernos locales chinos financian viajes de empresas nacionales y presionan a los bancos para otorgar créditos a firmas que se expanden mediante la iniciativa de la franja y la ruta.
Un ejemplo claro es la marca de autos Wellm, que operó a pérdida durante años hasta que el gobierno local invirtió en su planta de Shanghái en junio para forzar su cuota de mercado mediante precios artificialmente bajos.
La paradoja de una industria que se contrae produciendo más
A pesar de la sobreproducción, la actividad industrial real está cayendo. El PMI (Purchasing Managers Index) descendió a 49,5 en octubre, situándose por debajo del umbral del 50% que separa la expansión de la contracción.
El gobierno chino se niega a estimular la demanda interna masivamente porque teme descarrilar su meta de déficit del 3% del PIB. Xi Jinping prioriza el control de la deuda para evitar vulnerabilidades ante posibles sanciones futuras si decidiera avanzar militarmente sobre Taiwán.
Para financiar el sistema sin alterar el déficit, el parlamento aprobó 137.000 millones de dólares en deuda soberana para el cuarto trimestre, permitiendo además que los gobiernos locales emitan deuda propia.

El fin de la hegemonía comercial absoluta
Hace dos años, Xi Jinping presumía que Oriente se levantaba mientras Occidente declinaba. Hoy, China enfrenta la economía más débil desde la apertura de Deng Xiaoping, golpeada por la deflación y la burbuja inmobiliaria.
El desacople comercial es el cambio geopolítico más relevante del siglo. Las importaciones estadounidenses provenientes de China cayeron al 13,3% del total en el primer semestre del año, la cifra más baja desde 2003.
El gran beneficiario de este giro es México, que se ha convertido en el principal socio comercial de Estados Unidos con un 15,7% de las importaciones, superando a China y Canadá.
Este proceso comenzó con las tarifas de Donald Trump en 2018 y se aceleró tras la crisis sanitaria, que evidenció el riesgo de depender de proveedores controlados por el Partido Comunista. Joe Biden ha mantenido estas barreras e incluso ha añadido prohibiciones a la exportación de tecnología avanzada.
Mientras Estados Unidos busca recuperar su capacidad de producir bienes complejos, China lucha por dar salida a una producción industrial que ya no encuentra compradores. El porcentaje de importaciones estadounidenses desde China cayó del récord del 21,6% en 2017 al 13,3% actual.