Ejército Mexicano impulsa su soberanía con industria bélica

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La dependencia de proveedores externos en materia de seguridad nacional expone a cualquier Estado a vulnerabilidades geopolíticas inmediatas. En México, esta realidad ha impulsado una estrategia de sustitución de importaciones bélicas para reducir la subordinación tecnológica y financiera frente a potencias como Estados Unidos o Alemania.

¿Qué se fabrica realmente en el Campo Militar 1D de Tecamachalco? Esta instalación es el núcleo de la Dirección General de Industria Militar, donde el objetivo no es solo el ensamblaje, sino el diseño de armamento adaptado a la morfología del soldado mexicano. El producto estrella de este centro es el fusil de asalto FX-05 Wicatl, cuya denominación en náhuatl significa 'serpiente de fuego'.

Desde su entrada en servicio en 2006, el FX-05 se ha consolidado como el fusil de ordenanza del Ejército y la Fuerza Aérea. La industria nacional produce la mayor parte de sus componentes, fabricando unas 112 piezas internamente y adquiriendo solo una fracción mínima de forma comercial.

El impacto económico de esta decisión es drástico. Mientras que un fusil G36 de la firma alemana Heckler & Koch representa un costo elevado, la producción interna del FX-05 permite un ahorro del 30%, situando el precio final en torno a los 3,300 dólares. Para equipar el ejército con los 180,000 fusiles requeridos, la inversión nacional sería de 100 millones de dólares, frente a los 900 millones que costaría la alternativa alemana.

Soberanía industrial no significa autosuficiencia total. En 2023, México produjo 21,000 fusiles FX-05, una cifra considerablemente menor a los 30,000 alcanzados en años previos.

Producción nacional no implica vanguardia tecnológica absoluta. El arsenal mexicano incluye la fabricación de proyectiles, morteros y granadas de mano M26 y MK3 A3, además de cartuchos de diversos calibres. Sin embargo, persiste una brecha en la producción de munición inteligente o PGM, lo que obliga al Estado a buscar proveedores externos para capacidades avanzadas.

Resulta llamativo el uso de obuses calibre 105 mm, un armamento que data de la Segunda Guerra Mundial. Aunque algunos miembros de la OTAN mantienen estos sistemas, no representan el estado del arte de la balística moderna.

Esta contradicción se agudiza al analizar las importaciones. A pesar de poseer una industria centenaria, el ejército mexicano ha incrementado la compra de municiones a Estados Unidos. Según reportes de El País, entre abril y junio de un año reciente, ninguna entidad —salvo Jordania— compró tantas armas legales al gobierno estadounidense como México.

La infraestructura militar se distribuye en 17 clústeres de fabricación y mantenimiento. Operan tres ejes principales: el Campo Militar 1D en Tecamachalco, el 1F Santafé en Ciudad de México y el 25E Oriental en Puebla.

Cada centro se especializa en un área distinta para optimizar la cadena de suministro. No se limitan a ensamblar armas; el ecosistema incluye la producción de pinturas industriales para vehículos y plásticos especializados para el transporte de accesorios militares.

El mantenimiento es la columna vertebral de este sistema. México ejecuta el denominado mantenimiento de quinto escalón, el nivel más profundo de reparación, para vehículos blindados Panhard, media oruga, DN Cobra y DN Pantera.

Para lograr esto, la industria fabrica sus propias herramientas en una planta central. Todo armamento nuevo debe superar pruebas de disparo masivas para validar su desempeño antes de ser desplegado en campo.

Incluso existen talleres de serigrafía encargados de crear figuras de ornato en latón y metopas para la identificación de cuarteles. También gestionan el mantenimiento de las astas de banderas monumentales.

Cimarrón y Wicatl no llegaron sin problemas. En 2015, se aprobó la construcción de los vehículos tácticos Wicatl y Cimarrón para sustituir al SandCar israelí. El Cimarrón, con un peso de 12,500 kg y blindaje nivel 5, fue diseñado para reconocimiento y transporte de 10 tropas.

A pesar de la necesidad, la producción masiva del Cimarrón no se ha materializado plenamente. Esto ocurre en un contexto donde el propio gobierno admitió que más del 50% de los vehículos blindados de las fuerzas armadas presentan deficiencias.

En 2021 se lanzó una actualización con cabina más amplia y caja abierta, equipando una torreta giratoria para ametralladoras de 7.62 y 12.7 mm. Su despliegue a gran escala sigue sujeto a decisiones presupuestarias y políticas.

La defensa costera se apoya en los buques de patrulla clase Tenochtitlán. Estos navíos de 42 metros de eslora fueron construidos en los Astilleros de la Marina Mexicana en Tampico, basándose en el diseño holandés 4207 de Damen Schipyards.

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Cada unidad desplaza 239 toneladas y alcanza los 25 nudos de velocidad gracias a dos motores Caterpillar 3516B T-HD. Están armados con dos ametralladoras Browning M2 de 12.7 mm y cuentan con una lancha rápida de persecución.

Actualmente, la flota consta de 10 barcos bautizados con nombres de ciudades prehispánicas.

¿Es el blindado DNXI la solución terrestre? Este vehículo superó pruebas rigurosas en 2019, incluyendo despliegues en desiertos y entornos urbanos. Tras ajustar el peso añadiendo 500 kg adicionales, fue aprobado como el principal blindado ligero del ejército.

Utiliza chasis Ford F550 con motor diésel y un blindaje modular atornillable que evita las soldaduras. El contrato inicial por 6.5 millones de dólares se extendió para sumar cuatro años de ventas, con el objetivo final de ensamblar 620 unidades sobre kits más económicos.

Paralelamente, la industria desarrolló la subametralladora Sax 200, diseñada para sustituir a la HK MP5 alemana. Esta arma utiliza munición estándar de la OTAN de 5.56 mm, superando en alcance y velocidad al antiguo calibre 9 mm.

La Sax 200 es el resultado de ingeniería en 3D y consta de 200 partes. No obstante, la Sedena ha restringido su uso exclusivamente al alto mando del Ejército y la Fuerza Aérea, dejando su despliegue en fuerzas especiales en el aire.

El futuro de la guerra terrestre en México apunta a la automatización. El sistema Saraf Balam 2, en servicio desde 2023, permite operar armas de forma remota en blindados ANCAT y DNX. Este proyecto nació de una colaboración entre la industria militar y el Centro de Investigación en Matemáticas de Guanajuato.

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En el aire, la estrategia es similar. México desarrolló el dron S45 Balam a través de Hydra Technologies y la firma turca Turkish Defense Aerospace. Este sistema es una evolución del S4, un dron de uso mixto empleado originalmente para vigilar ductos de Pemex.

El arsenal de drones incluye también los modelos Hermes 450, 18 UAB, G2T, G1 Guerrero y S45 T Balam. Recientemente, se adquirieron drones tácticos a la colombiana Aviatek para pruebas contra bandas criminales.

La adquisición de 5,000 lanzacohetes marca un punto de inflexión en la capacidad destructiva del Estado. Estos proyectiles tienen la capacidad de penetrar 300 mm de acero endurecido, una característica necesaria para atacar búnkeres y laboratorios de grupos delictivos.

El contrato fue adjudicado a la empresa Itman por 14.5 millones de dólares. Los lanzacohetes tienen un alcance máximo de 500 metros y cuentan con mira holográfica.

Esta capacidad de penetración es la más letal del arsenal actual. No existen documentos oficiales que detallen el uso específico, pero la potencia de fuego sugiere una preparación para enfrentamientos contra objetivos blindados o fortificados.

La industria militar mexicana opera hoy bajo una doctrina de defensa costera y control interno, manteniendo una infraestructura de mantenimiento profunda y una producción de armamento ligero diversificada.

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