
¿Puede una sola estructura de hormigón alterar la rotación de un planeta? Esta pregunta no es una hipérbole, sino una preocupación técnica respaldada por datos de la NASA. China ha consolidado su hegemonía en la infraestructura hidroeléctrica mediante la construcción de represas que superan en número y escala a las de todas las demás naciones combinadas.
Este despliegue no es casual ni reciente. El país ha mantenido una obsesión sistemática con la administración hídrica desde el año 256 antes de Cristo, cuando se implementó el sistema de irrigación de Dujana. Para el año 2000, China ya operaba 22.104 represas con una altura superior a los 15 metros. Hacia 2005, la cifra de embalses escaló a más de 80.000, con miles de proyectos adicionales en fase de construcción.
La escala técnica de la presa de las Tres Gargantas
Ubicada en el río Yangtsé, cerca de Shi Ping en la provincia de Hubei, la Represa de las Tres Gargantas redefine la capacidad de generación eléctrica. Esta estructura de acero y hormigón posee una capacidad instalada de 22.500 MW, una cifra que deja obsoletas a otras obras emblemáticas. A modo de comparación, la presa estadounidense Hoover genera apenas 2.074 MW, mientras que Itaipú, que mantuvo el liderazgo global durante años, produce 14.000 MW.
La magnitud de la obra se traduce en cifras físicas abrumadoras. El muro alcanza los 185 metros sobre el nivel del mar y requirió el uso de 27,2 millones de metros cúbicos de hormigón. El acero empleado, unas 463.000 toneladas, equivaldría a construir 63 Torres Eiffel.
El sistema de generación se apoya en 32 turbinas principales, cada una con una capacidad de 700 MW, complementadas por generadores menores de 50 MW. En términos de rendimiento, la planta genera anualmente un promedio de 95 TWh. No obstante, en 2020, impulsada por las lluvias monzónicas, alcanzó un récord de 112 TWh, superando la marca histórica de Itaipú establecida en 2016.
No todo es energía: el control de inundaciones y el transporte
La motivación detrás de este coloso no fue únicamente eléctrica. El gobierno chino buscaba mitigar las tragedias recurrentes del río Yangtsé, como la inundación de 1931 que causó la muerte de aproximadamente 4 millones de personas. La presa actúa como un regulador masivo con una capacidad de almacenamiento de inundaciones de 22 km³, lo que reduce la frecuencia de desastres graves de una vez cada década a una cada siglo.
El proyecto también transformó la logística fluvial. En 2015, se integró un elevador de barcos capaz de transportar embarcaciones de hasta 3.000 toneladas, ascendiendo 113 metros en un tiempo de entre 30 y 40 minutos. Este mecanismo es drásticamente más eficiente que las esclusas tradicionales, que pueden requerir hasta cuatro horas de espera.
Gracias a este sistema, el transporte de carga aumentó de 10 millones de toneladas anuales a una proyección de 100 millones, reduciendo los costos de logística en más de un 30%.
El costo humano y la inestabilidad geológica
La construcción de las Tres Gargantas no estuvo exenta de conflictos. Para dar paso al embalse, el Estado chino inundó total o parcialmente 13 ciudades, 140 pueblos y 1.350 aldeas. El traslado forzoso de millones de personas, principalmente campesinos y artesanos, generó un deterioro en la calidad de vida de muchos afectados que no pudieron adaptarse a nuevos entornos laborales.
El impacto ambiental es igualmente severo. La estructura retiene anualmente 40 millones de toneladas de sedimentos que deberían fluir río abajo. Esta acumulación provoca erosión en el cauce inferior, aumentando el riesgo de inundaciones en zonas críticas y amenazando la estabilidad de ciudades como Shanghái.
Además, la presión del agua ha desencadenado deslizamientos de tierra frecuentes en la zona del embalse. La biodiversidad sufrió un golpe letal: miles de especies de aves, mamíferos y peces debieron migrar o perecieron, quedando muchas de ellas en peligro de extinción.
La masa de agua es tan colosal que, según la NASA, la concentración de 42 millones de toneladas de agua sobre una superficie de 632 km² provocó una alteración en el eje de la Tierra.
El proyecto Bram Putra y la opacidad estratégica
Mientras las Tres Gargantas operan a plena capacidad, China impulsa un nuevo megaproyecto: la represa en el río Bram Putra. Según los escasos datos disponibles, esta obra podría generar 60 GW, casi tres veces la potencia de las Tres Gargantas. El proyecto fue aprobado por el Congreso Nacional del Pueblo en marzo de 2021, pero el desarrollo se mantiene bajo un hermetismo casi total.

Esta falta de transparencia es preocupante debido a la ubicación del río, que es una arteria internacional que fluye desde el Tíbet hacia la India y Bangladés. China ha construido ya una serie de presas medianas aguas arriba, utilizando la infraestructura como una herramienta de presión geopolítica.
El terreno es uno de los más hostiles del planeta. El río desciende desde los 3.000 metros de altura, atravesando el cañón más largo y empinado de la Tierra, el cual duplica la profundidad del Gran Cañón estadounidense.
Riesgos sísmicos y la amenaza de una bomba de agua
La zona donde se planea la represa Bram Putra es sísmicamente activa, situada justo donde chocan las placas India y Euroasiática. Construir un embalse masivo en este punto convierte a la estructura en una amenaza latente para millones de personas río abajo.
Existe una teoría técnica sobre la relación entre las represas y los sismos. Tras el terremoto de Sichuan en 2008, que dejó casi 90.000 muertos, expertos analizaron la presa Sin Pincu, operativa desde 2006. Sugieren que cientos de millones de metros cúbicos de agua almacenados pueden ejercer una presión significativa sobre las tensiones tectónicas, actuando como un detonante de actividad sísmica.
A esto se suma el control del flujo hídrico. Quien gestione la apertura de las compuertas durante los monzones decide la supervivencia de las comunidades en India y Bangladés.

Una estrategia de hechos consumados
El gobierno chino parece aplicar una táctica de silencio hasta que la obra es irreversible. El proyecto Bram Putra fue presentado oficialmente solo después de que se completara la infraestructura logística necesaria.
En apenas dos meses tras la aprobación, se informó la finalización de una autopista a través del cañón más profundo del mundo y la inauguración de una línea ferroviaria cerca de la frontera con la India. Estas obras facilitan el transporte de maquinaria pesada y personal a un sitio que históricamente se consideraba intransitable.
El impacto no es solo material. El proyecto profana regiones del cañón consideradas sagradas por la cultura tibetana. Para Pekín, sin embargo, la prioridad es la hegemonía energética y el control estratégico del agua.
La inversión total en las Tres Gargantas ascendió a 22.500 millones de dólares, una cifra recuperada el 20 de diciembre de 2023, momento a partir del cual la planta comenzó a generar ganancias netas masivas.