México supera a Alemania: el impacto del gas y el nearshoring

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Mientras Alemania se hundía en una recesión con una contracción económica del 0,3%, México cerraba el 2023 con un crecimiento del 3,4%. Este contraste no es una anomalía estadística, sino el resultado de un giro tectónico en las rutas del comercio global y la energía. La unidad de investigación del BBVA ajustó al alza la cifra mexicana, que inicialmente se estimaba en 3,2%, aunque advirtió que el ritmo disminuirá este año debido a una menor demanda de bienes externos.

El motor de la Unión Europea está averiado. Alemania, que basó su prosperidad en la eficiencia manufacturera alimentada por energía rusa, hoy enfrenta la cruda realidad de un grifo cerrado. En la otra acera, México capitaliza la reconfiguración de la globalización para desplazar a China y consolidarse como el principal socio comercial de Estados Unidos.

El gas natural como combustible del crecimiento mexicano

La narrativa del "superpeso" y la fortaleza macroeconómica suelen atribuirse a las remesas, que alcanzaron los 63.000 millones de dólares (un alza del 7,6% respecto a 2022), o al flujo de inversión extranjera. Sin embargo, el pilar invisible de este crecimiento es el acceso a energía barata. México importa el 80% del gas natural que consume, la gran mayoría proveniente de Estados Unidos.

Sin este insumo a bajo costo, las fábricas mexicanas no podrían competir en precios. Es el espejo invertido de lo que ocurre en la industria química alemana, que colapsó al perder el suministro ruso. La competitividad de México hoy depende de una infraestructura de tuberías que conecta la Cuenca Pérmica y la formación Eagle Ford con el corazón industrial del país.

Esta dependencia energética es un arma de doble filo. Aunque impulsa el PIB, deja al país vulnerable ante decisiones políticas en Washington o crisis climáticas en Texas.

Por qué Estados Unidos domina la economía avanzada

El crecimiento estadounidense del 2,5% anual, con un pico del 3,3% en el cuarto trimestre, superó ampliamente las expectativas del 2%. Estados Unidos no solo estimuló su consumo interno inyectando miles de millones de dólares en hogares y empresas durante la crisis sanitaria, sino que mantuvo un mercado laboral robusto con un desempleo inferior al 4%.

La clave determinante es su condición de exportador neto de energía. Mientras Europa veía dispararse los precios de los combustibles fósiles un 20% tras el inicio del conflicto entre Rusia y Ucrania, en Estados Unidos el incremento fue apenas del 3% al 4%. Esta independencia energética permitió que el consumo interno no se desplomara y que la inflación fuera más manejable que en el Viejo Continente.

La referencia de este mercado es el Henry Hub, el centro de negociación de gas natural en Luisiana. En febrero, el millón de BTU se cotizó en un promedio de 1,74 dólares, el nivel más bajo desde 1997.

Estrategias de recorte en la industria gasífera estadounidense

La abundancia de gas en Estados Unidos ha llevado a los productores a tomar medidas drásticas para sostener los precios. EQT Corporation, el mayor productor de la Cuenca de los Apalaches, decidió recortar un millón de pies cúbicos de su producción debido a inviernos más cálidos y niveles de inventario excesivos.

Siguieron el mismo camino otras corporaciones como Cheapeake Energy, que redujo su inversión anual en un 20%, lo que se traduce en una caída del 15% en su producción. Estas maniobras buscan apuntalar el valor del recurso en un mercado donde la oferta parece superar la demanda inmediata.

Es un juego de equilibrio.

La infraestructura del nearshoring y el riesgo de la dependencia

El fenómeno del nearshoring —la relocalización de cadenas de suministro en países cercanos y aliados— encuentra en México un terreno fértil. El país no solo ofrece proximidad geográfica, sino que se convierte en la plataforma logística ideal para evitar la dependencia de China. No obstante, para exprimir este potencial, México necesita expandir urgentemente su red de gasoductos y tanques de almacenamiento.

El sistema de transporte ha crecido exponencialmente. Instalaciones como el gasoducto Samalayuca-Sasabe o la fase dos del Cuxtal en la Península de Yucatán son piezas clave. En junio de 2023, la demanda fue tan agresiva que llegaron a transportarse hasta 7.000 millones de pies cúbicos diarios de gas natural para alimentar los sistemas eléctricos y los aires acondicionados en el norte del país.

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A pesar de estos avances, la vulnerabilidad es real. El 63% de la electricidad en México se genera con gas natural. Si el suministro se interrumpe, como ocurrió durante la tormenta invernal Uri en Texas en 2021, el sistema eléctrico nacional queda expuesto.

La paradoja de la producción nacional en México

México posee reservas de gas natural considerables en el este del país y en el Golfo, pero su capacidad de extracción es mínima comparada con la de su vecino. Mientras Estados Unidos ha perforado 4 millones de pozos, México apenas cuenta con unos 40.000.

Según Forbes, el modelo de negocios basado exclusivamente en inversión pública ha sido incapaz de explotar estas reservas. El gobierno se ha resistido a abrir el sector a la participación extranjera, lo que ha creado un vacío de capital. Además, la disponibilidad de gas estadounidense, extremadamente barato, inhibe el incentivo para desarrollar una producción local que sería, por definición, más costosa.

La Asociación Mexicana de Empresas de Hidrocarburos (AMEXI) ha advertido que esta falta de soberanía energética es un riesgo estratégico. El país ha perdido la autosuficiencia que tenía a principios de siglo, y la Comisión Nacional de Hidrocarburos prevé que la baja producción se mantendrá al menos hasta 2028.

México como puente energético hacia Asia

El papel de México en la geopolítica del gas va más allá del consumo interno. Estados Unidos ve en territorio mexicano un atajo logístico para vender gas natural a Asia, evitando las congestiones y sequías que afectan al Canal de Panamá.

A partir de 2025, se espera que el gas estadounidense se exporte hacia el Pacífico desde la terminal Energía Costa Azul. Con una inversión de 2.000 millones de dólares para transformarla en puerto de exportación, México podría convertirse en el cuarto mayor exportador mundial de gas. Esta ruta facilitará el suministro a economías como India y China, que buscan sustituir el carbón por combustibles menos contaminantes.

Este proyecto enfrenta la resistencia de grupos ambientalistas que temen que el uso extendido del gas retrase la transición hacia energías verdes y aumente la probabilidad de fugas en los ductos.

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El impacto en el valor del peso mexicano

La apreciación del peso, que ha subido un 20% desde marzo de 2022, no es solo un efecto del diferencial de tasas de interés. La Reserva Federal de Dallas señala que la disciplina fiscal y el optimismo generado por el nearshoring han creado una narrativa de crecimiento sostenible.

Sin embargo, el mercado opera sobre una sensación de optimismo que aún no se traduce completamente en flujos masivos de inversión extranjera directa. La moneda se sostiene en la promesa de un futuro industrial, pero ese futuro depende de que la energía siga siendo barata y el flujo político entre Washington y Ciudad de México se mantenga estable.

Existe la preocupación latente de que un cambio de administración en Estados Unidos pueda utilizar la dependencia energética de México como una herramienta de presión política, similar al chantaje que Rusia ejerció sobre Alemania.

La infraestructura de gasoductos sigue extendiéndose por el territorio, desde los desiertos de Chihuahua hasta las selvas de Yucatán.

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