Samsung: el imperio que domina Corea del Sur y la ley

Samsung: el imperio que domina Corea del Sur y la ley-1

¿Cómo es posible que una sola familia ejerza un control tan absoluto sobre el destino económico de una nación entera que sus líderes puedan entrar y salir de prisión mediante indultos presidenciales? La respuesta reside en la estructura de los chaebol, esos conglomerados familiares surcoreanos que no solo venden productos, sino que gestionan la infraestructura misma del Estado.

Samsung no es una empresa de electrónica; es un ecosistema. Su peso es tal que, para el año 2022, sus ingresos equivalían al 22,4% del PIB de Corea del Sur.

El ascenso agresivo de Lee Byung Chul

La historia comienza en 1938 con una inversión de apenas 25 dólares. Lee Byung Chul fundó una modesta tienda textil, pero su verdadera habilidad no estaba en la tela, sino en la lectura del entorno geopolítico. Aprovechó el caos de la Guerra de Corea en 1950 para trasladar sus operaciones a Busan, donde suministró equipos y apoyo a las tropas estadounidenses, catapultando sus ganancias en un periodo de crisis.

Para los años 60, ya era el hombre más rico del país. Diversificó el negocio hacia la banca, la construcción y la petroquímica, aunque tuvo que ceder sus bancos al gobierno de Park Chung Hee tras un golpe de Estado.

Fue entonces cuando decidió entrar en la electrónica, el sector que transformaría a Samsung en un gigante global.

La era de Lee Kun Hee y la obsesión por la calidad

El paso del mando al tercer hijo varón, Lee Kun Hee, generó una fractura interna profunda. Sus hermanos no aceptaron la decisión y el seno familiar se convirtió en un campo de batalla de demandas y sabotajes. Sin embargo, Kun Hee impulsó una transformación radical: dejó de competir por precio para competir por calidad, invirtiendo masivamente en I+D para memorias RAM y pantallas de plasma.

Sustituyó la mediocridad por un régimen de terror corporativo.

En un episodio emblemático de los años 90, tras descubrir que miles de teléfonos eran defectuosos, ordenó quemar 140.000 dispositivos en una hoguera gigante frente a sus empleados. Obligó a los ingenieros a romper los equipos con sus propias manos mientras los humillaba públicamente, instaurando la idea de que el defecto era el enemigo absoluto.

Este método, descrito por algunos como la gestión de un emperador, se codificó en un manual llamado 'El cambio comienza conmigo', el cual se distribuyó como una doctrina obligatoria para los 100.000 empleados de la firma.

El sistema de impunidad y los sobornos políticos

El crecimiento de Samsung no ocurrió en el vacío legal. Lee Kun Hee utilizó sobornos sistemáticos para asegurar contratos lucrativos y favores políticos. Fue condenado en 1996 por pagar a presidentes como Chun Doo-hwan y Roh Tae-woo, pero la sentencia fue irrelevante: recibió un indulto presidencial en 1997.

La ley opera distinto para los chaebol.

En 2007, el abogado principal de la compañía reveló que Kun Hee había entrenado ejecutivos para que actuaran como chivos expiatorios en caso de fraude. A pesar de las pruebas, y tras ser condenado por evadir 45 millones de dólares en impuestos, el presidente de Corea del Sur volvió a indultarlo personalmente en 2009.

Sucesiones diseñadas en la sombra

La transferencia de poder en Samsung no ha sido un proceso natural, sino una operación de ingeniería financiera. Desde 1995, un equipo de ejecutivos de alto nivel diseñó un plan para trasladar la herencia evitando impuestos y aprovechando lagunas legales mediante el uso de bonos convertibles.

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Los herederos compraron acciones que no cotizaban en bolsa y que tenían un valor ínfimo. Meses después, cuando las empresas salieron al mercado, el precio se disparó, permitiéndoles consolidar el control del holding con un capital mínimo.

Este mecanismo aseguró que la fortuna permaneciera intacta y concentrada.

Dramas familiares y excentricidades del clan

Detrás de la fachada corporativa existen historias que rozan la novela. Lee Bong Hee, una de las herederas más ricas del país, rompió la tradición de casarse con otra familia poderosa y eligió a su guardaespaldas. Aunque el matrimonio duró 15 años y el esposo llegó a ser vicepresidente ejecutivo de Samsung Electromechanics, terminó en un divorcio donde la heredera pagó 6,44 millones de dólares para obtener la custodia de su hijo.

Otras ramas de la familia sufrieron destinos más oscuros.

Lee Jong Hyun, hija de Lee Kun Hee, se suicidó en Nueva York en 2006. Aunque inicialmente se reportó como un accidente automovilístico, la realidad era que su padre le había prohibido casarse con un hombre de clase media, una decisión que terminó en tragedia mientras el patriarca recibía tratamiento contra el cáncer.

La hegemonía de Lee Jae-yong

El actual presidente, Lee Jae-yong, asumió el mando en 2022. Formado en Harvard y con un doctorado en gestión empresarial, Jae-yong representa la cara moderna y sofisticada del imperio. Posee propiedades de lujo en Londres y un apartamento de 45 millones de dólares en Madison Avenue, Nueva York.

Su ascenso estuvo marcado por la reverencia absoluta. Exejecutivos recuerdan que, durante su ascenso, todo el personal debía ponerse de pie y hacer reverencias cuando él entraba en una habitación, tratándolo prácticamente como a una deidad corporativa.

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Samsung sigue diversificando sus tentáculos. No solo dominan la tecnología móvil, sino que controlan hoteles, parques temáticos, seguros de vida y hasta tecnología armamentista.

Un estado dentro del Estado

La interdependencia entre el gobierno surcoreano y el conglomerado es tan estrecha que la quiebra de Samsung significaría el colapso económico del país. Esta condición de 'demasiado grande para caer' es la que garantiza que, sin importar cuántos delitos financieros se cometan, siempre habrá un mecanismo político para rescatar a la familia.

Desde el contrabando de 50 toneladas de sacarina por parte de Lee Chan en los años 60 hasta las actuales disputas judiciales con fondos como Elliot Management Corp por el control de Samsung C&T, el patrón es el mismo: el poder económico se traduce en inmunidad judicial.

¿Podrá Corea del Sur algún día desmantelar la estructura de los chaebol o seguirá siendo un país gobernado por una familia que controla el 22,4% de su riqueza nacional?

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