Tragedia del MGM Grand: la codicia que mató a 85 personas

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La seguridad en la hotelería estadounidense fue, durante décadas, una moneda de cambio donde la vida de los huéspedes se valoraba menos que los costes de construcción. Hace más de un siglo, la frecuencia de incendios en hoteles era alarmante: se estimaba que uno ocurría cada 33 horas. Los desarrolladores priorizaban la capacidad de rehabilitación rápida de los edificios sobre cualquier medida de protección contra el fuego, transformando las instalaciones en hornos industriales en caso de siniestro. Esta negligencia obligó a los viajeros a adoptar una regla de supervivencia no escrita: solicitar habitaciones por debajo del tercer piso, el límite máximo del alcance de las escaleras de los bomberos.

¿Por qué el incendio del MGM Grand fue tan letal?

El desastre comenzó el 21 de noviembre de 1980 a las 7:07 de la mañana. El origen fue una falla de diseño en una vitrina de pastelería refrigerada de un restaurante Delivery en la primera planta. En aquella época, estos equipos no integraban los componentes de condensación, y los conductos de cobre que atravesaban la pared rozaban instalaciones eléctricas. Este error técnico desencadenó un fuego que devoró el vestíbulo en solo seis minutos.

La propagación fue devastadora debido a la calidad de los materiales. El papel tapiz, los tubos de PVC internos y los espejos plásticos actuaron como combustible, permitiendo que las llamas avanzaran a una velocidad de entre 4,6 y 5,8 metros por segundo. La intensidad del incendio culminó en una explosión que voló la puerta principal del hotel hacia la calle.

El balance final fue de 85 personas, convirtiéndolo en el desastre más mortífero en la historia de Nevada. De las víctimas, 78 eran huéspedes y siete empleados. Solo una persona murió por quemaduras directas y otra por un traumatismo tras caer durante la huida; el resto sucumbió a la inhalación de humo o al envenenamiento por monóxido de carbono.

Casi 350 bomberos acudieron al llamado, pero la operación fue un caos operativo. El cuerpo de bomberos de Las Vegas operaba independientemente del Condado Clark, y muchos rescatistas desconocían la arquitectura del edificio. Además, sus escaleras solo alcanzaban el noveno piso de una torre de 26 plantas. Algunos bomberos relataron que, durante las labores de rescate en la oscuridad, tuvieron que arrastrarse sobre lo que luego descubrieron eran los cuerpos de las víctimas.

Negligencia corporativa disfrazada de ahorro

El hotel no contaba con un sistema de rociadores en las habitaciones ni en el casino. Curiosamente, la única zona protegida era donde se contaba el dinero de las apuestas. Aunque las regulaciones de la época eran laxas, el jefe de los bomberos de Las Vegas había recomendado instalar aspersores antes de la tragedia. La gerencia rechazó la propuesta para ahorrar unos 200.000 dólares sobre un presupuesto de construcción de 106 millones.

El Departamento de Catastro del Condado Clark respaldó esta omisión bajo el argumento absurdo de que, al operar el hotel las 24 horas, el sistema no era necesario. A esto se sumaron modificaciones en los planos originales para reducir costes y cambios operativos diseñados para retener a los jugadores más tiempo en las mesas, lo que terminó entorpeciendo las rutas de evacuación.

Hubo errores críticos en la infraestructura. El sistema de ventilación, en lugar de extraer el humo, alimentó el fuego con aire fresco del exterior. Los fosos de los ascensores, mal sellados, sirvieron como chimeneas que transportaron el monóxido de carbono hacia las plantas superiores.

Catorce víctimas fueron halladas en un ascensor debido a que los sensores no regresaban automáticamente al piso principal.

La desesperación llevó a los huéspedes a usar sábanas atadas para colgarse de los balcones. Algunos lograron salvarse gracias a la intervención de un trabajador de la construcción adyacente, quien utilizó su andamio para rescatar a personas que esperaban en las cornisas. Mientras tanto, en el salón Sifield, la puerta estaba encadenada por el lado incorrecto, convirtiendo la sala en una trampa mortal.

Mitos y realidades sobre la reconstrucción

Existe la creencia de que el hotel fue demolido debido a los daños estructurales o al trauma psicológico del evento. Es falso. El fuego se concentró en el vestíbulo y la primera planta, por lo que la estructura permaneció estable. MGM decidió rehabilitar el edificio, invirtiendo 50 millones de dólares en una renovación que incluyó un sistema automatizado de aspersores y alarmas.

La torre incendiada siguió operando.

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El impacto legal fue masivo: el hotel enfrentó 1.350 demandas. La magnitud del litigio obligó a la llegada de abogados externos, ya que no había suficientes firmas en el sur de Nevada para procesar los casos. Finalmente, el resort pagó 223 millones de dólares para cerrar los acuerdos. Años después, en 1998, el remanente de ese fondo, unos 440.000 dólares, fue donado al Condado Clark para atender a víctimas de quemaduras.

La recuperación económica fue lenta. La ocupación cayó durante varios años debido a la mala publicidad y las revelaciones judiciales. Sin embargo, a partir de 1983, la implementación de medidas de seguridad extremas revirtió la tendencia. Entre 1985 y 1990, la ciudad aumentó sus ingresos de 12 millones a 21 millones de dólares, impulsada por la llegada de más de un millón de nuevos visitantes.

El cambio en la legislación no fue inmediato ni voluntario.

La industria del azar utilizó su lobby para evitar que las nuevas normas se aplicaran a hoteles construidos antes de 1981. Solo después de que se produjera otro incendio en la torre este del Hilton Las Vegas, el Congreso aprobó la ley que obliga a todas las instalaciones hoteleras, independientemente de su fecha de construcción, a contar con protección avanzada contra incendios.

Sistemas de seguridad como estrategia de marketing

Tras la reapertura, el hotel implementó medidas que lo posicionaron como uno de los más seguros del mundo. Instalaron más de 30.000 aspersores, algunos con cuatro unidades por habitación, y 8.000 altavoces para coordinar evacuaciones. Incluso grabaron un mensaje de seguridad de cinco minutos, en inglés y español, narrado por Jen Kelly, que se emitía en todas las habitaciones.

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Esta obsesión por la seguridad se convirtió en una ventaja competitiva. Cuando en 1988 ocurrió un conato de incendio en el Hotel Fitz Gerald's, la eficiencia de los sistemas de alarma permitió evacuar tres pisos rápidamente sin que los jugadores en el casino dejaran sus mesas. El costo total de actualizar la seguridad en la zona se estimó en 200 millones de dólares.

A pesar de estos avances, persiste un punto ciego: el uso de materiales combustibles. El incendio del MGM Grand demostró que los recubrimientos plásticos y la celulosa aislante crean nubes tóxicas y aceleran el fuego. No obstante, el plástico sigue siendo un componente predominante en las construcciones modernas.

La marca MGM terminó vendiendo la propiedad a Bally Manufacturing en 1986. Para el dueño, Kirk Kerkorian, las torres eran un recordatorio constante de negligencia criminal. Fue así como la corporación se desprendió del inmueble para luego abrir un nuevo MGM Grand en 1993, a kilómetro y medio de distancia.

El antiguo edificio ha cambiado de nombre varias veces y hoy es el Horseshoe Las Vegas, donde se celebra la serie mundial de póker. Visitantes y empleados coinciden en que el lugar conserva una atmósfera pesada, independientemente de si conocen la historia de 1980.

¿Siguen siendo los hoteles lugares seguros o simplemente hemos sustituido la codicia por normativas que el plástico moderno vuelve a poner en riesgo?

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