
¿Es posible que México regrese a una era donde la moneda pierda su valor de forma abrupta y descontrolada? Quienes observan la estabilidad actual del peso suelen descartar la posibilidad de un colapso similar al de finales del siglo pasado. Sin embargo, la historia financiera del país muestra un patrón recurrente de inestabilidad que suele detonar precisamente en los cierres de sexenio.
El Sabadazo y la ruptura del modelo estable
Mucho antes de las crisis modernas, México vivió el "Sabadazo" en 1954. Bajo el mando de Adolfo Ruiz Cortines, el gobierno decretó que el tipo de cambio pasara de 8,65 a 12.5 pesos por dólar.
Este movimiento eliminó más del 30% del poder adquisitivo de la población en un solo fin de semana. Fue la devaluación más fuerte del México postrevolucionario.
Aunque algunos analistas sugieren que la medida permitió la transición hacia el desarrollo estabilizador, otros ven en este acto el inicio de una alianza entre el gobierno y un grupo de empresarios conectados al PRI para concentrar la riqueza. Aquel periodo, conocido como el milagro mexicano, impulsó la sustitución de importaciones y mantuvo el tipo de cambio fijo, pero creó una dependencia peligrosa de la protección estatal que terminó siendo insostenible.
¿Cómo detonó el colapso con Luis Echeverría?
El modelo de prudencia fiscal murió durante el sexenio de Luis Echeverría. El gobierno abandonó la austeridad y disparó el gasto público, generando un déficit fiscal que se triplicó en pocos años.
Para financiar este despilfarro, la administración emitió papel moneda sin respaldo, impulsando la inflación. Mientras tanto, el contexto global complicaba la escena: Richard Nixon había terminado con los acuerdos de Bretton Woods y el embargo petrolero de 1973 disparaba los costos energéticos.
El 31 de agosto de 1976, Echeverría anunció el fin del tipo de cambio fijo. La moneda, que se mantenía en 12.5 pesos por dólar, comenzó una caída libre.
La respuesta del gobierno fue aumentar los salarios para mitigar la pérdida de poder adquisitivo, pero esto solo alimentó la inflación, que alcanzó un promedio del 18.6% durante su gestión. El resultado fue la "docena trágica", un periodo de doce años donde la tensión entre el sector público y privado llegó al límite. Echeverría satanizó a los empresarios, provocando una fuga masiva de capitales hacia el extranjero.
El llanto de López Portillo y la trampa del petróleo
José López Portillo recibió una economía herida y un déficit fiscal profundo. En 1978, el descubrimiento de grandes yacimientos de petróleo pareció ser la salvación definitiva para las finanzas nacionales.
En lugar de usar la bonanza petrolera para pagar la deuda externa y sanear las cuentas, el gobierno aumentó el gasto en subsidios y proyectos ambiciosos. México se volvió dependiente de un solo producto. Cuando los precios internacionales del crudo se regularizaron y cayeron, la estructura financiera se desplomó.
López Portillo había prometido defender el peso "como un perro". No pudo cumplirlo.
El 1 de septiembre de 1982, durante su último informe de gobierno, el presidente rompió en llanto. La moneda se desplomó hasta alcanzar los 148.50 pesos por dólar. Para intentar contener la hemorragia financiera, el gobierno nacionalizó la banca y dejó al país con una deuda externa superior a los 87,000 millones de dólares.
Hiperinflación y el giro neoliberal de Miguel de la Madrid
Miguel de la Madrid heredó un país técnicamente quebrado. La inestabilidad era tan severa que, para 1986, México experimentaba una hiperinflación que obligó a implementar controles de precios y salarios mediante pactos heterodoxos.
La situación fue tan crítica que el peso llegó a cotizarse en 2,291 pesos por dólar hacia 1988. Ante la incapacidad del modelo anterior, el gobierno adoptó el neoliberalismo, reduciendo la intervención del Estado y abriendo la economía al libre comercio.

Fue un cambio drástico. El sistema productivo, debilitado y endeudado, sufrió el impacto de estas reformas mientras la inflación escalaba hasta niveles del 4,030%.
El Error de Diciembre y la fragilidad de los años dorados
Carlos Salinas de Gortari logró una estabilidad macroeconómica que el mundo admiró. Entre 1989 y 1993, el peso se apreció un 30% y se concretó la firma del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica.
Sin embargo, la fachada de éxito ocultaba riesgos estructurales. En 1994, la estabilidad se rompió por una combinación de factores políticos y monetarios.
Primero, la insurrección zapatista en enero sacudió la estructura política. Luego, el 23 de marzo, el asesinato de Luis Donaldo Colosio disparó la percepción de riesgo país. Los inversionistas empezaron a retirar sus capitales.
Al mismo tiempo, la Reserva Federal de Estados Unidos aumentó las tasas de interés, haciendo que los bonos mexicanos perdieran atractivo. El gobierno no pudo frenar la fuga de divisas y recurrió a la devaluación.
El desastre se potenció por los tesobonos, instrumentos de deuda a corto plazo emitidos en pesos pero pagaderos en dólares. Cuando el peso cayó, el sistema bancario colapsó y miles de familias perdieron sus propiedades debido a los préstamos con tasas variables.
Riesgos actuales y las bombas de tiempo financieras
El ciclo de crisis de fin de sexenio parece haber tenido un respiro desde el año 2000, cuando Vicente Fox terminó con la hegemonía del PRI. No obstante, la estructura económica actual presenta vulnerabilidades que recuerdan a los periodos críticos.

El mercado reacciona con volatilidad ante decisiones políticas. Un ejemplo reciente fue la depreciación del 8% del peso en junio, gatillada por la incertidumbre sobre la reforma al poder judicial.
La transición hacia el gobierno de Claudia Sheinbaum plantea interrogantes sobre la continuidad de políticas que el sector privado percibe como agresivas.
Existen tres factores críticos que los especialistas consideran riesgosas: la deuda de Pemex, que alcanza los 100,000 millones de dólares, la insostenibilidad del sistema de pensiones y la deuda pública general. Estas presiones financieras obligarán a la próxima administración a tomar medidas que podrían impactar directamente en el valor de la moneda.
La historia sugiere que el riesgo no reside solo en la economía, sino en la gestión política del cierre de un mandato. La depreciación del 8% del peso tras el mensaje sobre la reforma al poder judicial evidencia que el mercado sigue siendo sensible a la incertidumbre institucional.