
El control de los flujos comerciales entre el Atlántico y el Pacífico ha definido la geopolítica del continente americano durante cinco siglos. En el corazón de esta disputa se encuentra el istmo de Tehuantepec, una franja de tierra de 220 kilómetros de ancho que representa el punto más angosto de México entre los dos océanos. Su relevancia actual no es un fenómeno nuevo, sino la reactivación de una ambición histórica que comenzó con la Corona española y que hoy busca competir con la saturación del canal de Panamá.
¿Por qué Tehuantepec fue la ruta preferida de los españoles?
Desde el siglo XVI, los colonizadores españoles identificaron este territorio como la vía más expedita para conectar la Nueva España con el Virreinato del Perú. Hernán Cortés utilizó la región ya en 1520 para trasladar suministros y equipo hacia astilleros en el Pacífico, cerca de Santo Domingo de Tehuantepec. La ventaja no radicaba solo en la distancia, sino en la hidrografía de la zona.
Cerca de las dos terceras partes del trayecto se podían recorrer navegando por el río Coatzacoalcos. Este cuerpo de agua es navegable en casi 200 de sus 325 kilómetros de longitud, lo que permitía transportar artillería, víveres y pertrechos militares en canoas de poca profundidad antes de completar el tramo final por tierra.
El interés era tal que Carlos I de España y Carlos V priorizaron la exploración de este paso. En 1580, el marino Francisco de Gali elaboró el mapa más antiguo conocido del río Coatzacoalcos por orden del palacio real. Investigadores de la Universidad de Sevilla analizaron recientemente este documento y determinaron que Gali trabajó con premura, priorizando la evaluación de la viabilidad del paso interoceánico sobre la precisión cartográfica.
El subsuelo revela que México estuvo unido a Europa
La geología del istmo ofrece datos que trascienden la logística comercial. Investigaciones de la UNAM han establecido que este territorio fue el último trozo de tierra en separarse del supercontinente Pangea hace unos 200 millones de años. Esta particularidad tectónica explica por qué en la zona oaxaqueña se hallan fósiles más compatibles con la fauna europea que con la americana.
La Colección Nacional de Paleontología de la universidad custodia cerca de 12,000 ejemplares de plantas, animales y microfósiles. El 90% de este acervo ha sido autenticado, consolidándolo como un patrimonio científico de alto valor.
Entre los hallazgos más disruptivos destaca la presencia del Bison latifrons. Este bóvido extinto del Pleistoceno alcanzaba los 2,000 kg de peso y 2.5 metros de altura hasta los hombros. Sus cuernos podían medir hasta 2.13 metros, superando ampliamente las dimensiones del bisonte americano actual. Se estima que este animal vagó por el istmo hace entre 15,000 y 20,000 años.
Los túneles coloniales y el rastro de la arquitectura civil
El subsuelo de Tehuantepec también guarda estructuras humanas cuyo propósito original permanece parcialmente difuso. En 2019, el INAH reportó la existencia de un túnel bajo el palacio municipal de Juchitán. Este pasadizo surgió durante las labores de reconstrucción tras el terremoto de 2017.
El arqueólogo Iván Salazar identificó cerámica de la época colonial y huesos de ganado vacuno en la zona. El túnel se ubica en el centro de la fachada, sugiriendo que es uno de los componentes más antiguos del edificio, diseñado originalmente por el arquitecto italiano Esteban Shotti en 1882.
En Santo Domingo Tehuantepec ocurrió un hallazgo similar en enero de 2020. El INAH localizó pasajes secretos que conectan la catedral de San Pedro con el antiguo convento dominico, hoy sede de la Casa de la Cultura. Estas estructuras datan del siglo XVI. La gestión de estos espacios ha generado fricciones entre autoridades eclesiásticas y municipales debido a la interferencia sonora que causarían si se mantuvieran abiertos durante actividades simultáneas en ambos recintos.
El petróleo fue la primera exportación real de la colonia
Mucho antes de la industria moderna, las culturas precolombinas y los españoles ya extraían hidrocarburos en estado natural. Utilizaban el chapopote, término náhuatl para el asfalto, como pegamento para bloques de construcción, combustible y material de calafateo para embarcaciones.
La explotación sistemática comenzó a gestarse en el siglo XIX. En 1842, el ingeniero italiano Cayetano Moro reportó fuentes de petróleo en Tehuantepec mientras evaluaba la factibilidad de un canal. Dos años después, en la localidad de Moloacán, un sismo provocó emanaciones naturales de crudo que atrajeron la atención técnica.
El emperador Maximiliano de Habsburgo intentó formalizar una política petrolera en 1864, clasificando el hidrocarburo como un bien minero al nivel del hierro y el cobre. Bajo su mandato, se registraron 62 denuncios petroleros entre 1864 y 1865, principalmente en Veracruz y Tamaulipas.
Más tarde, en 1865, el ingeniero estadounidense John McMurphy realizó la primera exploración detallada con rigor geológico y topográfico en las planicies atlánticas del istmo. Aunque se ignora si actuó por cuenta propia o bajo intereses de la marina de Estados Unidos, sus informes adelantaron cuatro décadas el inicio de la explotación comercial en la región.
El tratado McLane y la ambición ferroviaria de Porfirio Díaz
La posición estratégica de Tehuantepec provocó que el gobierno de Benito Juárez cediera derechos de tránsito a Estados Unidos en 1859 mediante el Tratado McLane-Campo. A cambio de 4 millones de dólares y el reconocimiento político de Washington, México otorgaba el derecho de paso perpetuo por el istmo. El convenio nunca entró en vigor ya que el Congreso estadounidense no lo ratificó y la opinión pública mexicana lo rechazó.

Posteriormente, el enfoque giró hacia la infraestructura ferroviaria. Tras varios intentos fallidos desde 1842, la construcción del ferrocarril interoceánico avanzó significativamente bajo el mandato de Porfirio Díaz. El 11 de diciembre de 1894, el tren realizó su primer viaje entre Coatzacoalcos y Salina Cruz en 12 horas y media.
Debido a la baja calidad de la red, la empresa Spencer and Son Ltd asumió la concesión en 1898. Esta firma, responsable de los drenajes de la Ciudad de México, modernizó la vía y los puertos. El proyecto culminó el 23 de enero de 1907, consolidando una ruta terrestre que competía indirectamente con las opciones de canal en Centroamérica.
Salina Cruz como nodo energético y logístico
En la actualidad, el puerto de Salina Cruz es el eje del suministro de combustibles para el Pacífico mexicano. El 90% de su actividad comercial se concentra en el petróleo y sus derivados. La refinería Ingeniero Antonio Dovalí Jaime, operativa desde 1974, procesa 350,000 barriles diarios.
El puerto moviliza más de 14 millones de toneladas anuales de hidrocarburos. Sus conexiones vinculan al istmo con mercados en Estados Unidos, Canadá, Europa, Japón y China. Además de la refinería, la zona cuenta con terminales de gas y astilleros especializados en la reparación de buques tanque.
El Corredor Interoceánico frente a la crisis de Panamá
México impulsa actualmente el Tren Interoceánico del Istmo de Tehuantepec como una alternativa logística global. Este proyecto, integrado en el plan de infraestructura 2018-2050, busca dinamizar la economía regional mediante el transporte de carga y pasajeros.
La Secretaría de Marina administra la operación y seguridad de la ruta, desplegando 3,000 efectivos militares en las estaciones. El plan incluye la creación de 12 polos industriales. Empresas como Mota-Engil y Profarm Max ya han recibido adjudicaciones para desarrollar parques industriales en Coatzacoalcos, Salina Cruz y Texistepec.

La velocidad de los trenes de carga aumentará de 20 a 70 km/h, mientras que los de pasajeros alcanzarán los 100 km/h, reduciendo el tiempo de traslado entre costas a aproximadamente 7 horas. Esta apuesta ocurre mientras el canal de Panamá enfrenta restricciones severas de navegación por la escasez de agua.
Vestigios zapotecas y el arte rupestre de Bacuana
Más allá de la industria, el istmo alberga el santuario de Bacuana, un centro ceremonial zapoteca ubicado en el Cerro Blanco. Es uno de los pocos sitios en México con pinturas rupestres elaboradas después de la caída de Monte Albán.
El sitio ha sufrido un deterioro crítico desde 2009 debido al vandalismo con pintura en aerosol. Sin embargo, la geografía sigue revelando datos. En junio de 2020, un sismo de magnitud 7.4 en Santa María Mixtequilla dejó al descubierto dos dibujos rupestres: uno con espirales convergentes y otro con una figura humana. El INAH autenticó estas piezas, comparándolas con los trazos encontrados en las cuevas de Yagul.
El gobierno federal también ejecuta la carretera Oaxaca-Tehuantepec, la cual incluye viaductos y túneles para conectar las comunidades campesinas con el corredor interoceánico.
La viabilidad de Tehuantepec como alternativa real al canal de Panamá depende ahora de la capacidad de los polos industriales para atraer inversión extranjera masiva y de la estabilidad del suministro hídrico en la región.