Toluca: la crisis de sus vestigios y el caos del subsuelo

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Un camión de obra remueve una capa de tierra en un predio residencial de Toluca y, en cuestión de horas, una estructura prehispánica desaparece bajo el cemento. Esta escena se repite con una frecuencia alarmante en el Valle de Toluca, donde la presión inmobiliaria y el desinterés político actúan como una excavadora ciega que borra la memoria del territorio.

La demolición silenciosa de los vestigios en Toluca

La profesora Yoko Shura Yamamoto, máxima experta en arqueología de la zona del Alto Lerma, ha lanzado una advertencia drástica: más del 90% de los vestigios arqueológicos de la región se han perdido. Esta cifra no es solo una estadística, sino el resultado de un choque frontal entre el desarrollo urbano y el patrimonio histórico.

El daño es especialmente severo en San Pedro Techuchulco. Allí existió un muro de 20 metros de altura que posicionaba al sitio como una versión a escala de Teotenango, la ciudad prehispánica más relevante al sur del valle. Hoy, esa estructura ya no existe. En otros yacimientos como La Campana y Tepos Zoco, el escenario es similar: construcciones privadas han levantado muros que ocultan o destruyen edificios hispánicos, restringiendo cualquier acceso a la investigación.

No todo el valle ha sido borrado. Yamamoto matiza que la pérdida se distribuye de forma desigual, lo que deja ventanas de oportunidad para rescatar lo que aún resiste bajo el asfalto.

El mito de las redes subterráneas coloniales

Existe una creencia arraigada entre los toluqueños: la ciudad se asienta sobre una red de túneles que conectaban los templos cristianos para ocultar crímenes y pecados. Las leyendas hablan de pasadizos que unían el beaterio con el convento del Carmen, o que servían de enlace entre las iglesias de San José, El Ranchito, La Merced y San Bernardino.

Los investigadores han encontrado restos de construcciones subterráneas bajo algunas iglesias, pero la escala no coincide con el relato popular. No existen registros históricos de obras de tal magnitud ni evidencias similares en ciudades como Guanajuato, Puebla o Taxco.

Lo que la memoria colectiva llama túneles suelen ser, en realidad, acueductos que transportaban agua desde el volcán o refugios modestos utilizados durante las guerras y revoluciones.

Los pasadizos del centro y la narrativa del pecado

En el corazón de la ciudad persiste la historia de los túneles malditos. Se dice que los clérigos los usaban para mantener relaciones prohibidas con monjas y mujeres de la alta sociedad, conectando el monasterio de la Merced con el convento del Carmen y la iglesia de Santa Veracruz. En estos espacios, según la tradición oral, se escuchaban gritos de niños enterrados vivos.

El colapso hídrico de los 92 mantos acuíferos

Si las leyendas son cuestionables, la crisis del agua es un hecho medible. El subsuelo de Toluca alberga 92 mantos acuíferos que sostienen la actividad industrial, agrícola y el consumo público. Sin embargo, la extracción supera la capacidad de recarga natural.

Desde 1970, el nivel del agua ha descendido hasta 60 metros. Esta sobreexplotación afecta a unos 154,000 millones de litros de agua.

El suelo se hunde a medida que los acuíferos se secan. Además, el costo de extraer el recurso aumenta conforme el agua se desplaza a profundidades mayores, encareciendo el suministro para granjas y fábricas.

Megafauna y el enigma del Cerro del Dios Tolo

Mucho antes de la urbanización, el valle era el territorio de la megafauna. En 1995, los habitantes de San Cristóbal hallaron los restos de un macho joven de hace 10,500 años, conocido como el mamut de Catepec. Este ejemplar ya forma parte del Museo de Antropología e Historia de Toluca, sumándose a otros hallazgos similares realizados en 1996 y 1998 que se exhiben en el Museo de las Culturas Lacustres.

Paralelamente, el Cerro del Dios Tolo, que divide la ciudad en norte y sur, revela una complejidad cultural distinta. En el Paseo Matlacincas, un equipo de la Universidad Autónoma del Estado de México ha excavado un yacimiento de 11 hectáreas. Hasta ahora, solo se ha explorado el 10% de la zona.

Los resultados son impactantes: 350 piezas de cerámica, obsidiana y metal, además de 500 fragmentos de hueso. Entre ellos destacan 17 omichchicahuillis, instrumentos musicales tallados en huesos humanos para rituales fúnebres. A pesar del nombre de la ciudad, no se han hallado vestigios del culto al Dios Tolo antes de la llegada de los españoles.

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El mapa de las civilizaciones sometidas

El valle fue un mosaico de grupos lingüísticos y políticos. Hacia el año 600 de nuestra era, los matlacincas, otomíes y malinal dominaban la región. Los matlacincas, señores de la red, se establecieron en Toluca, Tenango del Valle, Tenancingo y Temascaltepec, legando el calendario agrícola y el culto a Tolotzin.

Posteriormente, los otomíes, conocidos como los flechadores de pájaros, establecieron sus propios señoríos. Esta autonomía terminó en el siglo XV con la llegada de los mexicas y tarascos. La Triple Alianza de Tenochtitlan, Texcoco y Tlacopan sometió a los pueblos locales, imponiendo el náhuatl como lengua franca.

En este contexto surgieron los masaguas, una mezcla de toltecas y chichimecas. Sus restos se encuentran hoy en Ixlahuaca, Chotitlán y Atlacomulco, aunque su presencia fue opacada primero por los mexicas y luego por los europeos.

Centros ceremoniales y ciudades de altura

La arqueología regional ha identificado nodos de poder fundamentales en el valle:

  • Teotenango: Fundada entre el 650 y 750 d.C. por los teotenanc. Su centro ceremonial incluye la Plaza de la Serpiente y la Plaza del Jaguar. Fue abandonada y olvidada hasta 1969.
  • Huamango: Capital otomí hacia el año 900 d.C. para dominar el Valle de Acambay. Se ubica a 2,850 metros sobre el nivel del mar y presenta evidencias de presencia humana desde el 35,000 a.C.
  • San Miguel Ixtapan: Enlace estratégico entre las tierras altas y las regiones de Michoacán y Guerrero. Su apogeo ocurrió entre el 750 y 900 d.C.
  • Calixtlahuaca: Conocida como la casa en el llano. Pasó de manos nómadas a matlacincas y finalmente a los mexicas en 1476. El sitio ha sufrido una reducción drástica: de 144 hectáreas en los años 30, hoy solo quedan 116.

La comprensión de estos sitios debe mucho a William T. Sanders, el arqueólogo estadounidense que definió conceptos como la arqueología regional y los patrones de asentamiento, integrando variables agrohidráulicas para entender la supervivencia de estas civilizaciones.

Ofrendas sumergidas en el Nevado de Toluca

El cráter del volcán Shinancate fue un santuario natural. En la Laguna del Sol, buzos del Instituto Nacional de Antropología e Historia rescataron cetros con forma de serpiente de Tlaloc y piezas de cerámica. La temperatura del agua, entre 4 y 5 grados centígrados, permitió la conservación de estos objetos.

En la Laguna de la Luna se creó el primer archivo arqueológico in situ del país para bienes culturales sumergidos. El 5 de marzo de 2020 se depositaron 52 objetos, datados entre 1216 y 1456, en contenedores especiales. Estas piezas, que incluyen esferas de copal, fueron devueltas a puntos específicos del lago para evitar su deterioro.

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La ingeniería moderna bajo la Sierra de las Cruces

Mientras el pasado se erosiona, la modernidad perfora el subsuelo. El Tren Interurbano Toluca-México, bautizado como El Insurgente, atraviesa la Sierra de las Cruces mediante un túnel bitubo de 4.7 kilómetros de largo y 180 metros de profundidad.

La construcción, iniciada en 2014, requirió la excavación de 560,000 metros cúbicos de material. El túnel utiliza un sistema de anillos de dovelas con un diámetro interior de 7.50 metros. Este trabajo fue ejecutado por los tuneleros, especialistas que operan en jornadas de 12 horas bajo condiciones de calor intenso y polvo, viviendo en campamentos aislados durante la obra.

El proyecto, que busca transportar a 300,000 pasajeros diarios, contrasta con los antiguos túneles abandonados del volcán Shinancate. Estos últimos, diseñados a principios del siglo pasado para un acueducto que nunca se completó, sirven hoy como rutas de senderismo.

¿Cómo es posible que una ciudad que invierte en infraestructura de vanguardia como el túnel bitubo permita que el 90% de su memoria arqueológica sea devorada por la urbanización?

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