
El 12 de julio de 1930, la vida cotidiana en Buenos Aires se vio interrumpida por un hecho que sacudiría los cimientos de la ciudad. Un tranvía, un medio de transporte común en la época, se convirtió en el protagonista de una tragedia que marcaría un antes y un después en la historia de los accidentes de transporte público en Argentina. Este relato reconstruye los hechos, las víctimas, las consecuencias y el impacto que este evento tuvo en la sociedad de la época.
El Tranvía 105: Un Viaje al Abismo
El tranvía 105, perteneciente a la Compañía de Tranvías Eléctricos del Sur, cubría la línea Lanús-Plaza Constitución. Era un vehículo rojo, de esos que surcaban las calles porteñas con la rutina diaria de miles de pasajeros. Esa mañana, el 12 de julio, iba repleto de personas, principalmente trabajadores que se dirigían a sus lugares de trabajo en las fábricas y frigoríficos de la zona. El frío era intenso, y algunos pasajeros viajaban incluso en los estribos, aferrados a la esperanza de llegar a destino. Su conductor, Juan Vecchio, un joven inmigrante italiano de 31 años, con tres hijos pequeños y su esposa embarazada, apenas comenzaba a familiarizarse con su nueva ruta.
La tensión se podía cortar con un cuchillo. Los pasajeros, apiñados en el tranvía , llevaban en sus conversaciones la preocupación por el inminente debut de la selección argentina en la primera Copa Mundial de Fútbol, y las inquietudes políticas, con los rumores de un posible golpe de estado contra el presidente Hipólito Yrigoyen. El clima era denso, cargado de expectativas y temores. La sobreocupación impidió al conductor detenerse en las últimas paradas, aumentando la tensión a bordo.
El puente levadizo Boyle, sobre el Riachuelo, se erguía como un obstáculo imprevisto en el camino del tranvía 105. La niebla matutina, densa y persistente, reducía la visibilidad. Vecchio, concentrado en el manejo, se encontró de golpe con la estructura metálica elevándose ante él, una visión terrible que se le grabó para siempre en la memoria. El accidente ya era inevitable.
El Puente Boyle y el Riachuelo: Un Escenario de Fatalidad
El puente Boyle, una estructura de hierro construida en 1908, era un elemento clave en la compleja red de transporte de la época. Su mecanismo de elevación, operado manualmente por el encargado Manuel José Rodríguez, era vital para el paso de embarcaciones de gran calado por el Riachuelo. Rodríguez, en su puesto de trabajo, activó el mecanismo para permitir el paso de una chata petrolera, sin imaginar que su acción provocaría una de las mayores tragedias en la historia del transporte público argentino.
El Riachuelo, un río de 64 kilómetros de longitud y 35 metros de ancho, era mucho más que un simple curso de agua. Fundamental en la fundación de Buenos Aires, su nombre original, Río de la Matanza, reflejaba su historia, albergar la actividad portuaria y ser testigo de hechos relevantes en la historia de la ciudad. Sin embargo, también era conocido por su alta contaminación, problema que persiste hasta nuestros días. En la década de 1990, un fallido proyecto de limpieza del Riachuelo demostró la complejidad del problema y la corrupción que lo envolvió. La imputación por corrupción de la funcionaria a cargo reflejó la magnitud del problema.
La tragedia del tranvía 105 no solo afectó a las víctimas y sus familias, sino que también puso en evidencia la falta de seguridad en el sistema de transporte de la época, y la precaria situación del Riachuelo. La contaminación del río agravó la situación de los sobrevivientes y complicó las tareas de rescate.
El Impacto y las Consecuencias: Una Ciudad en Shock
El accidente del tranvía 105 conmocionó a la ciudad. La escena fue desgarradora: el vehículo, con sus pasajeros atrapados, se hundía lentamente en las aguas turbias del Riachuelo. Algunos pasajeros lograron saltar antes del impacto, pero muchos quedaron atrapados en el interior del vehículo. Las tareas de rescate fueron dificultosas, y la prensa llegó al lugar rápidamente, difundiendo las imágenes del desastre.
Las cifras son escalofriantes: entre 56 y 58 muertos, y 54 sobrevivientes. Entre las víctimas, se especuló sobre la presencia de un obrero, un niño, e incluso se llegó a mencionar, aunque como un rumor, al escritor Antoine de Saint-Exupéry. El cuerpo del conductor, Juan Vecchio, fue rescatado el último. Los cuerpos fueron llevados a la morgue de la Isla Demarchi, y el tranvía fue sacado del agua al día siguiente. Las pericias determinaron fallas mecánicas en el tranvía, tanto en el acelerador como en los frenos.
La reacción política fue inmediata. El presidente Yrigoyen decretó duelo nacional, mostrando la conmoción que el accidente causó en la nación. El intendente de Avellaneda y el de Buenos Aires expresaron su pésame y se organizaron misas y colectas para ayudar a las familias afectadas. Si bien inicialmente se culpó al motorman, la investigación judicial determinó la responsabilidad de la empresa propietaria por la negligencia mecánica y la falta de control estatal. Las indemnizaciones a las familias demoraron más de diez años. La tragedia inspiró la película "Dock Sud" (2001).

El Puente Boyle y el Riachuelo Hoy: Un Recuerdo y una Esperanza
El puente Boyle, tras el accidente, fue clausurado por deterioro. Luego de un proceso de restauración, se encuentra en funcionamiento para el tránsito liviano. El destino final del tranvía 105 permanece desconocido. La tragedia, sin embargo, dejó una marca imborrable en la historia de Buenos Aires, y en la memoria de sus habitantes.
La creación de la Autoridad de Cuenca Matanza-Riachuelo (ACUMAR) en 2007 representa un intento de remediar los problemas históricos del Riachuelo. La relocalización de familias, la inspección de industrias y la megaobra Sistema Riachuelo son parte de un ambicioso plan para sanear el río y mejorar la calidad de vida de las comunidades que lo habitan. La lucha por la limpieza y la recuperación del Riachuelo es una tarea a largo plazo, que requiere de la colaboración de todos los actores involucrados.
La tragedia del tranvía 105 sigue presente en el imaginario popular, alimentada por la leyenda urbana de los fantasmas de las víctimas, que supuestamente aparecen en las noches de niebla sobre el Riachuelo, buscando justicia. Un recuerdo que nos invita a reflexionar sobre la importancia de la seguridad en el transporte público, la responsabilidad de las empresas y del Estado, y la necesidad de proteger el medio ambiente. El Riachuelo, escenario de este trágico evento, sigue siendo un símbolo de la historia y las luchas de la ciudad de Buenos Aires. Un recordatorio constante de que el pasado, aunque doloroso, nos enseña lecciones valiosas para el futuro.

