EE. UU. mantiene la hegemonía económica frente a China e India

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Antes de la crisis sanitaria, la narrativa global parecía escrita: China superaría económicamente a Estados Unidos a principios de la década siguiente y dominaría el tablero mundial sin competencia durante un tiempo prolongado. La velocidad con la que Pekín emergió de la recesión de 2020 alimentó esa percepción, sugiriendo que la supremacía del Dragón llegaría incluso antes de lo previsto. Hoy, el escenario es radicalmente distinto.

La proyección actual desplaza cualquier posible adelantamiento chino hasta mediados de la década de 2040, y aun así, se prevé que sea por un margen estrecho y un periodo breve antes de que el país vuelva a descender al segundo puesto o posiciones inferiores. En 2022, China registró un crecimiento del 3%, una de sus tasas más bajas en décadas. Las estimaciones para el próximo lustro mantienen esa tendencia decepcionante, mientras sus rivales interpretan que la crisis es estructural.

¿Podrá China alcanzar realmente el primer puesto?

Bloomberg sostiene que la economía china nunca superará a la estadounidense. El argumento central es que Pekín se desacelera antes de lo esperado y carece de la confianza necesaria en sus políticas económicas para retomar una senda de crecimiento sostenido. Esta falta de certidumbre amenaza con volverse crónica.

El Fondo Monetario Internacional ya ajustó sus previsiones a la baja. Mientras antes estimaba un crecimiento chino del 4,3% para 2030 y del 1,6% para 2050, ahora las cifras se han reducido a un 3,5% y un 1% respectivamente. La debacle se sostiene sobre tres pilares: la caída de las exportaciones, el hundimiento del sector inmobiliario y un problema demográfico crítico.

En 2022, China experimentó el primer descenso de su población desde la década de los 60. Una población menguante produce menos, lo que ancla el potencial de crecimiento a largo plazo. A esto se suman las políticas de Xi Jinping, quien busca consolidar un poder absoluto que ha erosionado la economía a niveles no vistos desde la era de Deng Xiaoping.

Xi ha restringido la libertad de la empresa privada, una señal que aterra a los inversores extranjeros. Muchos están abandonando el país o aplicando la estrategia 'China Plus One', que consiste en mantener operaciones espejo en un segundo país para mitigar el riesgo de operar en Pekín.

El desplome chino fue evidente el segundo trimestre del año pasado. Tras eliminar los confinamientos, la demanda interna fue débil y el sector inmobiliario confirmó que se encuentra en una depresión duradera. El mundo dejó de comprar bienes chinos. Aunque el gasto público y una leve mejora en la confianza de los hogares dieron un impulso pasajero, las calificadoras ya reaccionaron. Moodys degradó la deuda china de estable a negativa en diciembre.

Supremacía económica no implica hegemonía militar

Existe la creencia común de que el poder económico se traduce automáticamente en poder militar. Sin embargo, los profesores de Dartmouth College, Stephen Brooks y William Walford, califican esta idea como 'pensamiento mágico'. Argumentan que pasar de ser una gran potencia a un superpoder requiere sacrificios que China no está dispuesta o no puede asumir.

Estados Unidos tuvo un incentivo concreto para pagar ese precio: la Guerra Fría. China, a pesar de su ascenso financiero, no enfrenta un reto similar que justifique el despliegue militar masivo necesario para desplazar al Tío Sam. Aunque el conflicto ruso en Ucrania ha alterado la geopolítica desde 2022, la realidad es que Estados Unidos y Rusia siguen siendo las dos potencias militares predominantes.

India asciende en el silencio de los analistas

Mientras la lucha entre Washington y Pekín acapara los titulares, Nueva Delhi avanza sin hacer ruido. Se espera que la economía india crezca un 6,3% en 2023 y 2024, posicionándose como la economía de más rápido crecimiento del planeta. India juega un papel dual: es aliado de Estados Unidos para contener a China, pero mantiene su sociedad con Pekín dentro de los BRICS.

Esta trayectoria no es nueva, sino un retorno. Según la revista Time, India fue la mayor economía mundial durante 15 años hasta 1820. El desplazamiento del centro económico hacia Occidente fue producto de la Revolución Industrial y la colonización. Si la supremacía vuelve a Asia, sería un retorno a la normalidad histórica tras siglo y medio de dominio occidental.

Los números sugieren que el ascenso es probable. Entre 2005 y 2020, India creció a un ritmo anual del 8%, frente al 2% de Estados Unidos. Si India mantiene un crecimiento del 5% anual y Estados Unidos permanece en el 2%, la economía hindú podría ser la mayor del mundo en 2073.

La India posee una ventaja demográfica clara: superó a China en población el año pasado. Más trabajadores, combinados con tecnologías disruptivas, aseguran más producción. No obstante, el país enfrenta retos internos severos. Necesita integrar a las mujeres al mercado laboral, reducir el proteccionismo y privatizar sectores como la banca. Su éxito depende de tres principios: liberalización, privatización y globalización.

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Estados Unidos es más fuerte de lo que admite su propia política

La narrativa del declive estadounidense choca con los datos recientes. En el tercer trimestre de 2023, Estados Unidos registró un crecimiento del 5,2%, superando ampliamente a Japón, Canadá, Reino Unido y la Unión Europea. Este éxito se explica por la flexibilidad de su mercado laboral, su capacidad de innovación y, sobre todo, su posición energética.

Estados Unidos es el mayor productor de hidrocarburos del mundo, aportando el 20% de la oferta mundial de petróleo en 2022. Esta ventaja fue decisiva frente a Europa, que depende de las importaciones y sufrió la crisis energética tras la agresión rusa a Ucrania. Mientras que el gas en Estados Unidos subió, en Europa obligó al racionamiento, destruyendo el modelo industrial alemán.

Otro factor fue la agresiva política de estímulos durante la crisis sanitaria. Washington envió cheques a los hogares y mantuvo tasas bajas, permitiendo que el consumo privado —motor principal de su economía— sostuviera el crecimiento incluso frente a la inflación.

La deuda de 34 trillones es la verdadera vulnerabilidad

No todo es optimismo en Washington. La economía estadounidense tiene una piedra atada al cuello: una deuda pública de 34 trillones de dólares que crece de forma vertiginosa. El país sumaba un trillón de deuda cada cinco meses. La clase política utiliza el techo de la deuda como una herramienta de presión electoral, pero nadie propone recortes reales en programas como Medicare o aumentos impositivos a la clase media.

El escenario ha cambiado. Antes, con inflación baja y tasas reducidas, la deuda no parecía un problema. Ahora, con tasas de interés más altas, el servicio de la deuda devorará la inversión en servicios públicos. Moodys ya degradó la calificación de la deuda estadounidense de estable a negativa, emulando lo que hizo con China.

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A esto se suma el impacto del cambio climático. En 2023, Estados Unidos sufrió un récord de desastres naturales, con 28 eventos que costaron al menos un billón de dólares cada uno. La suma total de daños alcanzó los 92,9 billones de dólares. Estos siniestros elevan las primas de seguros y el costo de los bienes básicos, aunque es un factor que afecta por igual a China e India.

El futuro se decide en la inteligencia artificial

A pesar de la deuda y los desastres climáticos, Estados Unidos conserva una ventaja competitiva en la frontera tecnológica. El desarrollo de la computación cuántica, las energías limpias y la IA podrían cementar su dominio. La inversión en capital de riesgo para IA en Estados Unidos alcanzó casi 450 billones de dólares en la última década.

La inversión china en IA es menos de la mitad de la estadounidense, y la de Europa es diez veces menor. Esta brecha tecnológica es el muro que impide que China tome el primer lugar, independientemente de su capacidad militar o naval.

El riesgo final no es económico, sino político. Existe la preocupación de que Xi Jinping, al no poder justificar su poder mediante logros económicos debido a la desaceleración, opte por una vía militar agresiva para borrar la impresión de debilidad.

Estados Unidos posee el 58% del PIB nominal del G7, frente al 40% que tenía en 1990.

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