Billonarios de Silicon Valley y el riesgo del aceleracionismo

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Un puñado de hombres controla actualmente 500.000 millones de dólares y la infraestructura digital que moldea la percepción global de la realidad. Esta concentración de poder no responde solo a una lógica de mercado, sino a una agenda ideológica basada en la ciencia ficción de mediados del siglo XX, donde la tecnología se presenta como la única solución a los problemas humanos, ignorando la política, la cultura y los conflictos sociales.

¿Por qué el aceleracionismo efectivo amenaza la estabilidad social?

El aceleracionismo efectivo propone que el desarrollo tecnológico, específicamente la inteligencia artificial, debe intensificarse sin importar las consecuencias. Esta corriente sostiene que la única vía para alcanzar una sociedad utópica es destruir la estructura actual para construir una nueva sobre sus ruinas. Para sus defensores, la ausencia de libertad es un precio aceptable si se elimina la pobreza y la guerra, aunque esto implique sustituir la democracia por un modelo de gobernanza corporativa.

El riesgo es tangible.

Mientras la sociedad presiona a los gobiernos para regular la IA, los magnates de Silicon Valley reaccionan con agresividad. Las restricciones europeas y las advertencias de la Casa Blanca son vistas como obstáculos que deben eliminarse urgentemente. Según Douglas Ruskov Digital, entrevistado por el diario El Mundo, estos individuos suelen percibir al resto de la humanidad como simples datos o insectos, viéndose a sí mismos como superhéroes o dioses que operan por encima de las leyes humanas.

Mark Andreessen y el peligro de la fe ciega en el algoritmo

Mark Andreessen encarna la militancia más radical de esta postura. A través de su Manifiesto Tecno-Optimista, plantea que cualquier intento de desacelerar la IA es, en esencia, una forma de asesinato, ya que impediría que la tecnología salve vidas. Esta retórica criminaliza a los llamados 'doomers' o desaceleracionistas, quienes advierten que la civilización podría colapsar si se pierde el control sobre la superinteligencia.

Andreessen no es un teórico; es el fundador del fondo de capital de riesgo Andreessen Horowitz, con participaciones en gigantes como Facebook, Pinterest y GitHub.

Su contradicción es evidente. Mientras predica la descentralización tecnológica, gestiona un fondo de 35.000 millones de dólares bajo la estructura más centralizada posible. Además, su historial en el sector de las criptomonedas, donde sufrió pérdidas masivas debido a fraudes, demuestra la fragilidad de un sistema sin regulaciones. Sin embargo, el magnate ignora sistemáticamente los daños colaterales de sus apuestas tecnológicas, omitiendo en sus escritos el impacto ambiental y social de estas infraestructuras.

Las raíces oscuras de una ideología importada de la academia

El aceleracionismo no nació en los laboratorios de software, sino en los márgenes del extremismo político y la filosofía británica. El profesor de la Universidad de Warwick, Nick Land, es la figura central de este árbol genealógico. Land fusionó el capitalismo extremo con el esoterismo y la creencia en una singularidad tecnocapitalista, donde la IA y el mercado convergen para anular la voluntad humana.

La Universidad de Warwick disolvió su unidad de investigación por incumplir las normas académicas.

Tras su salida, Land continuó desarrollando sus ideas en círculos marginales, influyendo en la 'Ilustración Oscura' y la neorreacción. Esta corriente rechaza la idea de que la historia avance hacia la libertad y abraza el modelo autoritario chino. A través de figuras como el ingeniero Coor Jarvin, estas ideas permearon en Silicon Valley, proporcionando la base intelectual para que los billonarios justifiquen la sustitución de la democracia por una monarquía capitalista dirigida por un CEO autoritario.

El negocio de la IA y la obsesión por la ciencia ficción caduca

La rentabilidad actual de la inteligencia artificial ya no depende solo de redactar textos universitarios. El verdadero motor financiero es la IA general y sus aplicaciones militares. Nvidia, la empresa de Santa Clara, registró ganancias de casi 30.000 millones de dólares en un año, un incremento del 600% respecto a 2022, gracias a la demanda de procesadores Hopper GPU para entrenar modelos generativos. Alphabet, por su parte, alcanzó los 80.000 millones de dólares solo en el primer trimestre de este año.

Esta bonanza económica alimenta proyectos que parecen calcados de libros de papel de hace décadas. Elon Musk busca colonizar Marte siguiendo la estela de las Crónicas Marcianas de Ray Bradbury. Jeff Bezos impulsa hábitats orbitales inspirados en las ideas de Daniel D. M. Colgan. Peter Thiel invierte en la extensión de la vida y colonización marina, conceptos ya explorados por Marshall Savage en 1992. Mark Zuckerberg ha trasladado el concepto del multiverso de la novela Snow Crash de Neil Stephenson a su estrategia corporativa.

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El problema radica en que estas visiones parten de una premisa errónea: la creencia de que no existe ningún problema humano que no pueda resolverse con más tecnología.

¿Quién es realmente Based Be Bezos y cómo opera la propaganda tech?

En el ecosistema de X (antes Twitter), la cuenta Based Be Bezos funciona como un oráculo para el aceleracionismo, siendo admirada por Sam Altman y Gary Tan. Forbes reveló que detrás de este perfil se encuentra Guillem Verdon, un antiguo ingeniero de computación cuántica de Google y fundador de la startup Ex tropic.

Verdon utiliza el anonimato para viralizar la ideología aceleracionista, argumentando que para crear una narrativa en la era de las redes sociales es imperativo que esta sea viral. Esta maquinaria de comunicación busca normalizar la idea de que la humanidad debe ser reemplazada por la IA si eso genera beneficios económicos.

El entramado del Tescal y la búsqueda de la singularidad

Para comprender la sopa ideológica de Silicon Valley, la científica Timid Jebro y el filósofo Emil Torres acuñaron el término Tescal. Este acrónimo agrupa el transhumanismo, el extropartismo y el cosmismo, excluyendo el estoicismo superficial que muchos de estos ejecutivos adoptan.

El transhumanismo se manifiesta en los implantes neurales de Musk, mientras que el cosmismo guía su expansión espacial. Algunos de estos actores también se adhieren al singularitarismo, la creencia de que la creación de una superinteligencia es inevitable y superará la capacidad humana.

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Esta estructura teológica no busca la salvación de la especie, sino la consolidación de una casta de sumos sacerdotes tecnológicos. Ignoran que el progreso sin democracia no genera riqueza generalizada, sino una concentración de capital que históricamente ha derivado en revueltas sociales y colapsos sistémicos, como ocurrió en la primera Revolución Industrial.

El plan de escape ya está diseñado. Mientras el mundo lidia con el cambio climático y la inestabilidad social, los arquitectos del aceleracionismo construyen búnkeres en Nueva Zelanda o planean la huida hacia Marte.

Mark Andreessen sostiene que la IA es un espejo de la humanidad y que, por tanto, los "buenos" siempre ganarán en la lucha contra la violencia inherente de la especie. Esta visión mesiánica ignora que la tecnología no es un ente neutro, sino una herramienta que, en manos de quienes desprecian la democracia, se convierte en el mecanismo de control más eficiente jamás creado.

La paradoja reside en que estos billonarios claman por la libertad tecnológica absoluta mientras diseñan un mundo donde la libertad individual es el primer residuo a eliminar.

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