
París movilizó a 47 millones de turistas en 2023. La mayoría se detuvo en la superficie, buscando el glamour de los Campos Elíseos o la arquitectura de la Torre Eiffel, ignorando que la estabilidad de esos monumentos depende de una red de túneles que se extiende por cientos de kilómetros.
Bajo el asfalto existe una infraestructura orgánica y peligrosa que sirve como espejo oscuro de la ciudad luminosa.
¿Por qué colapsó la superficie de París?
El crecimiento urbano de la capital francesa ocurrió sin supervisión técnica durante generaciones. Los barrios se asentaron sobre minas de caliza agotadas que habían sido abandonadas o rellenadas con escombros de forma precaria. Los mineros trabajaban con antorchas y polvo en los pulmones, ignorando que la ciudad arriba se volvía cada vez más pesada sobre cimientos endebles.
El desastre llegó en diciembre de 1774.
Un túnel inestable cedió, tragándose viviendas y personas en lo que hoy es la Avenida Don Ferry Cherum. Este evento marcó el inicio de una crisis de infraestructura que obligó al rey Luis XVI a intervenir. El monarca encargó al arquitecto Charles Axel Guillam la tarea de cartografiar y estabilizar las canteras. Guillam no solo apuntaló las zonas críticas, sino que cavó nuevos túneles para conectar redes aisladas, creando la base de lo que hoy conocemos como la red subterránea.
Catacumbas no son lo mismo que canteras
Existe una confusión común sobre la naturaleza de este subsuelo. La mayor parte de la red está compuesta por las carrières, antiguas canteras de caliza lutana, una piedra gris crema muy apreciada desde el Imperio Romano por su versatilidad y bajo coste. Solo una fracción mínima de estas minas, aproximadamente 1,7 kilómetros, fue convertida en osario.
El traslado de restos humanos fue una medida de emergencia sanitaria. El cementerio de los Santos Inocentes, el más grande de la ciudad, estaba colapsando y ya no tenía espacio. A partir de la década de 1780, procesiones nocturnas de carruajes cubiertos trasladaron los restos de 6 millones de personas hacia las canteras del sur, específicamente cerca de la rue de la Tombe Innouée.
Este lugar permaneció en el olvido hasta el siglo XIX, cuando se convirtió en una atracción privada y, finalmente, en un museo administrado por Paris Musées desde 2013.
¿Quiénes son los catáfilos y qué buscan?
La catafila es la práctica clandestina de explorar estas minas y osarios. Los catáfilos evaden los accesos legales y se infiltran a través de alcantarillas, estaciones de metro o puntos de acceso no oficiales. Algunos buscan objetos de valor, otros pintan murales y algunos simplemente organizan fiestas en la oscuridad.
El riesgo es real.
Un derrumbe o un accidente en las zonas prohibidas puede ser fatal. Además, las autoridades imponen sanciones económicas cercanas a los 4.000 euros y hasta seis meses de prisión. Aun así, hay quienes pasan días enteros gateando por túneles estrechos donde la ventilación es nula y la humedad es constante.
El sistema de alcantarillado como arteria vital
La higiene en París fue una cuestión de supervivencia. En 1832, una epidemia de cólera mató a 19.000 personas, evidenciando que el sistema de desechos que corría por las calles era insostenible.
Bajo el programa de modernización del barón Haussmann, el ingeniero Eugene Belgrand diseñó una red de túneles y tuberías que aprovecha la gravedad para evacuar los residuos. Hoy, esta infraestructura abarca 2.670 kilómetros, una extensión equivalente a dos viajes ida y vuelta entre París y Marsella.
Esta red fue tan eficiente y laberíntica que sirvió de inspiración para Víctor Hugo en Los Miserables, donde el personaje Jean Valjean utiliza las cloacas como ruta de escape.

La arquitectura del agua y la guerra
No todo el subsuelo es piedra y huesos; hay espacios diseñados para la gestión de recursos y la supervivencia militar. Bajo la Ópera Garnier, por ejemplo, existe un estanque de agua. No es un elemento decorativo ni el hogar de un fantasma, sino una solución técnica de Garnier para redistribuir la presión de la capa freática y mantener una reserva contra incendios.
En la estación Gare de l'Est sobrevive un búnker de la Segunda Guerra Mundial.
Originalmente concebido como depósito de equipajes, el refugio fue remodelado para proteger al personal ferroviario de ataques aéreos y gas venenoso. Con un techo de concreto armado de 3 metros de espesor, el espacio albergaba a 70 personas. Durante la ocupación alemana, el lugar fue requisado, dejando huellas como el cartel de Notausgang (salida de emergencia).
Lutetia y la necrópolis de Saint-Jacques
La historia subterránea de París es más antigua que la propia ciudad. En abril de 2023, arqueólogos descubrieron cerca de la estación Porter Royale una necrópolis perteneciente a Lutetia, la ciudad galorromana predecesora de París.
Encontraron 50 tumbas con restos de adultos y niños. Un detalle revelador fue el hallazgo de monedas en la boca de algunos esqueletos, una práctica romana conocida como el óbolo de Caronte, destinada a pagar el pasaje hacia el inframundo.
Este descubrimiento ocurrió paralelamente a otros hallazgos en la Catedral de Notre Dame, donde a solo 15 centímetros bajo el suelo se recuperaron esculturas del siglo XI, incluyendo una cabeza de Jesús tallada en piedra y fragmentos de un coro medieval.
Ríos invisibles y estaciones fantasma
París tiene un río que la mayoría de sus habitantes olvida: la Bièvre. Este curso de agua de 36 kilómetros fue canalizado y cubierto debido a la contaminación industrial, especialmente por los tintes escarlata de la familia Gobelin en el siglo XV. Actualmente, existen proyectos para redescubrirlo y mejorar la ecología urbana.

El metro también tiene sus propios vacíos. Cuatro estaciones —Arsenal, Croix-Rouge, Champ de Mars y Saint-Martin— fueron cerradas al inicio de la Segunda Guerra Mundial. Estas estaciones fantasma permanecen como cápsulas del tiempo bajo la ciudad, mientras que otras, como Arts Métiers, imitan la estética de un submarino de Julio Verne.
Para quienes buscan una experiencia legal, la organización sin fines de lucro que gestiona las canteras de los Capuchinos ofrece un ecomuseo. Con 1,2 kilómetros de galerías a 18 metros de profundidad, este sitio documenta las diversas técnicas de consolidación aplicadas desde el siglo XVII hasta 1940.
El agua sigue siendo un eje crítico. El embalse de Munsuri, terminado en 1874 por Belgrand, es una joya arquitectónica construida sobre antiguas canteras para suministrar agua al distrito de los Campos Elíseos mediante la fuerza de la gravedad.
El subsuelo parisino hoy es un complejo estratificado donde conviven sedimentos del periodo cretácico, restos romanos, infraestructura del siglo XIX y la actividad clandestina de los catáfilos.