
Donald Trump sentenció en noviembre de 2023, durante una entrevista con Televisa Univisión, que México podría ser aniquilado en caso de un ataque nuclear contra Estados Unidos. Para el presidente electo, el poder destructivo de estas armas es tan vasto que el país simplemente dejaría de existir. Esta advertencia no fue un comentario aislado, sino parte de una narrativa de campaña donde Trump cuestionó la capacidad de negociación de sus adversarios y señaló la fragilidad del orden global actual.
El escenario planteado por Trump sugiere que la supervivencia de México está intrínsecamente ligada a la estabilidad de su vecino del norte. No se trata solo de una cuestión de diplomacia, sino de una vulnerabilidad geográfica y material inmediata.
¿Podría México resistir un impacto nuclear en la frontera?
La realidad técnica es devastadora para las ciudades colindantes. Jesús Manuel Macías, investigador de Ciesas, advierte que el uso de misiles hipersónicos por parte de Rusia representa una amenaza directa para el territorio mexicano. Un bombardeo sobre instalaciones militares estadounidenses en la frontera provocaría bajas masivas e inmediatas en Tijuana, Mexicali, Ciudad Juárez, Nuevo Laredo y Ciudad Acuña.
El daño no se limitaría a la explosión inicial. El Colegio de la Frontera Norte ha señalado la urgencia de trazar rutas de evacuación hacia el interior del país y diseñar programas de atención para víctimas de radiación. México carece actualmente de la infraestructura de refugios necesaria para mitigar un siniestro de esta magnitud en la zona fronteriza.
Es una vulnerabilidad crítica.
Rusia y la estrategia de los misiles en suelo latinoamericano
Moscú ha empezado a proyectar su capacidad militar hacia el hemisferio occidental como respuesta a la autorización de Joe Biden para que Ucrania ataque territorio ruso. Vladimir Putin mencionó explícitamente que sería posible lanzar misiles hacia Norteamérica desde países aliados, citando a Venezuela, Cuba y Corea del Norte.
En el programa ruso 60 minutos, el presentador Evgeni Popov incluyó a México en un mapa de países candidatos para albergar misiles de largo alcance. Aunque el gobierno mexicano ha condenado la invasión de Ucrania, ha mantenido una neutralidad práctica al evitar sanciones contra el Kremlin. Esta ambigüedad diplomatica coloca al país en una posición incómoda: ser visto como un posible activo estratégico por Rusia mientras mantiene la alianza económica con Washington.
Hambruna global es la amenaza más real
Más allá de las bombas, la supervivencia de México depende de su capacidad alimentaria. Un estudio publicado en la revista Nature Food revela que la inyección de hollín y humo en la atmósfera tras un conflicto nuclear podría asfixiar la producción agrícola mundial. Este fenómeno provocaría una caída de la temperatura global, impidiendo que la luz solar llegue a la superficie y deteniendo la fotosíntesis.
México es el séptimo importador de alimentos más grande del mundo y depende de Estados Unidos, Brasil y Canadá para el 45% de sus alimentos. Con una población de 128.5 millones de personas, cualquier interrupción en la cadena de suministro superior a dos meses provocaría muertes masivas por hambre. Según el modelaje climático de Lili Xia, las víctimas por hambruna en un conflicto entre Estados Unidos y Rusia oscilarían entre los 2,500 millones y 5,000 millones de personas.
Neutralidad mexicana no garantiza seguridad
La política exterior de México se basa en la no intervención, una táctica de supervivencia que Julio César Peña Vega, de la FES Catlan, define como una herramienta para fortalecer la soberanía. Sin embargo, esta postura se vuelve contradictoria ante una crisis global. Durante la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, México se abstuvo de votar en la ONU una resolución impulsada por Francia para condenar la agresión rusa, manteniendo una línea de no alineamiento similar a la de la Guerra Fría.
Históricamente, el país ha sabido pivotar. Manuel Ávila Camacho, durante la Segunda Guerra Mundial, alineó la industria mexicana para suministrar al gobierno estadounidense, sentando las bases del capitalismo industrial en el país. No obstante, la neutralidad actual es puesta a prueba por la interdependencia económica del T-MEC, donde tres cuartas partes de las exportaciones mexicanas se dirigen a Estados Unidos.

China y la posibilidad de una invasión en América
El Pentágono identifica a China como la mayor amenaza militar actual, centrando el riesgo en la soberanía de Taiwán. Si Beijing decidiera invadir la isla o bloquearla, se desencadenaría una escalada que obligaría a Estados Unidos a reaccionar. Bajo la Doctrina Monroe, Washington no permitiría la intervención de potencias extranjeras en el continente americano.
Si China intentara establecer una presencia militar en México, Estados Unidos probablemente respondería proporcionando inteligencia y armamento al ejército mexicano. No es un gesto de benevolencia, sino una necesidad estratégica: el gobierno estadounidense no toleraría fuerzas chinas cerca de su frontera. A pesar de esto, una guerra abierta destruiría las cadenas de suministro, forzando a México a una diversificación comercial acelerada y dolorosa.
El eje del mal ya opera en la sombra
Para Jamie Diamond, director ejecutivo de JP Morgan, la Tercera Guerra Mundial ya ha comenzado. Diamond sostiene que Rusia, Corea del Norte e Irán coordinan batallas en diferentes frentes para desarticular el sistema de aliados establecido tras 1945. Esta coordinación no es solo militar, sino que se filtra a través de redes criminales.
La DEA reveló que Kassem Soleimani, el comandante iraní asesinado en 2020, mantenía conexiones con un grupo criminal mexicano. El acuerdo consistía en atentar contra un embajador árabe en Washington a cambio de facilitar la venta de sustancias ilegales en Medio Oriente. Esta infiltración es lo que lleva a Trump a proponer que se catalogue a las bandas criminales mexicanas como organizaciones de crimen organizado de nivel internacional.
Sudamérica surge como la zona de refugio
En un escenario de colapso nuclear, el Cono Sur, compuesto por Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay, se perfila como la región más segura del planeta. Su ventaja radica en la distancia geográfica de los centros de conflicto y la ausencia de bases militares extranjeras significativas.
Además, estos países presentan una autosuficiencia alimentaria notable en carne y lácteos, lo que los protegería de las hambrunas extremas que azotarían al hemisferio norte. Su bajo perfil político internacional los convierte en zonas de amortiguamiento donde la probabilidad de un ataque directo es mínima.

Escalada bélica y el riesgo de refugiados masivos
La OTAN ha confirmado que tropas norcoreanas operan en la frontera de Rusia con Ucrania, enviando misiles balísticos y municiones a Moscú. El secretario general, Mark Rutte, ha alertado sobre esta expansión peligrosa. Si el conflicto escala, México podría enfrentar una crisis migratoria sin precedentes, convirtiéndose en receptor de millones de desplazados que busquen asilo en un territorio percibido como más estable que las zonas de combate directo.
El despliegue de 10,000 soldados norcoreanos y la posible transferencia de tecnología nuclear de Rusia a Irán cierran un círculo de tensiones que México no puede ignorar. Aunque el país intente mantener la diplomacia, la geografía lo condena a ser una pieza en el tablero de las potencias.
La interdependencia económica y la proximidad geográfica hacen que cualquier detonación nuclear en suelo estadounidense provoque el colapso inmediato de la infraestructura fronteriza mexicana y la interrupción total de sus importaciones alimentarias.