
La letalidad de las unidades de élite en México ha dejado de ser un secreto militar para convertirse en un problema de derechos humanos. Cuando el Estado despliega a sus operativos más capacitados contra el crimen organizado, el resultado rara vez es la captura, sino la eliminación sistemática del adversario.
¿Por qué las fuerzas especiales de México son tan temidas?
La respuesta reside en una eficiencia operativa que raya en la anomalía. Mientras que en la guerra moderna la tendencia es herir al enemigo más que matarlo, las fuerzas especiales mexicanas presentan un patrón donde los sobrevivientes son la excepción. El New York Times ha señalado que estas unidades son desproporcionadamente letales frente a los objetivos internos que enfrentan, quienes, aunque cuentan con armamento avanzado, carecen de la estructura y disciplina de un ejército regular.
Esta capacidad de aniquilación se traduce en cifras concretas. Paul Shevin, exprofesor de la Universidad de Nueva York, analizó datos de la Cruz Roja desde finales de los años 70 para contrastar la letalidad estándar con la mexicana. En un escenario de combate típico, la proporción es de un muerto por cada cuatro heridos. Sin embargo, las fuerzas especiales de México invierten esa tendencia: registran ocho muertos por cada herido.
La situación se vuelve aún más extrema con la FEZ, la unidad de élite de la Marina. Entre 2008 y 2014, sus operativos alcanzaron una proporción de 30 muertos por cada herido.
A pesar de estos datos, el gobierno dejó de publicar estadísticas oficiales sobre letalidad en 2014.
Fuerzas Especiales de la Marina operan con una autonomía casi absoluta. El respaldo político es total, pues son percibidas como la única herramienta capaz de contener el avance del crimen organizado. Esta impunidad se refleja en el sistema judicial: de 4,000 denuncias por tortura registradas entre 2006 y 2016, solo 15 terminaron en condenas contra los perpetradores. La disparidad de poder es brutal. Entre 2007 y 2012, el ejército mató a 3,000 personas, mientras que solo 158 soldados perdieron la vida.
Entrenamiento extremo no garantiza lealtad ciega
La formación de un operativo es un proceso de desgaste. En el ejército, solo la mitad de los 35 soldados que ingresan a los cursos de fuerzas especiales logran graduarse. En la Marina, la cifra de egreso es todavía menor, situando el porcentaje de aprobación del curso de la FEZ en el 20% o menos.
El rigor físico es la primera barrera. Los aspirantes deben completar 60 lagartijas y 60 abdominales en 90 segundos, realizar 12 dominadas tradicionales y 12 fondos laterales, además de correr 5 kilómetros en 23 minutos. La resistencia acuática es igual de severa: 20 minutos de flotación, nado de 25 metros bajo el agua en estilo croll y la capacidad de sobrevivir un día entero en el mar simulando un naufragio.
Pero el entrenamiento no es solo físico; es una preparación para la guerra no convencional en aire, mar y tierra.
Los operativos deben dominar el buceo de combate, el paracaidismo, la demolición y el combate urbano. El curso estándar de la FEZ dura seis meses, aunque históricamente ha oscilado entre los cuatro y catorce meses. Muchos de estos efectivos complementan su formación en centros de adiestramiento en Estados Unidos.
Traición y pragmatismo en el GAFE
No todo el poder de estas unidades se ha mantenido al servicio del Estado. En 1997, el GAFE (Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales) sufrió una fractura interna when 40 de sus integrantes desertaron para fundar el brazo armado de una facción del Golfo.
El líder de esta deserción fue el teniente Arturo Guzmán de Sena. Su perfil era el de un soldado globalizado: entrenado en Fort Liberty, Carolina del Norte, bajo programas de contrainsurgencia comunista de la Guerra Fría, y adiestrado por militares israelíes de la unidad Sayeret Matkal.

Guzmán de Sena no era un soldado raso; era uno de los miembros más prominentes del GAFE.
Su traición no fue un hecho aislado, sino un proceso gradual donde hombres de distintas unidades se llevaron armas y equipos de comunicación avanzados. Las razones oscilan entre la codicia económica y el miedo. Existe la teoría de que Guzmán de Sena, tras participar en la represión del levantamiento zapatista, sabía que la democratización de México traería juicios por atrocidades cometidas, por lo que prefirió refugiarse en la criminalidad. El destino lo alcanzó en noviembre de 2002 en Matamoros, donde fue eliminado por sus antiguos compañeros, aunque persiste la leyenda de que fueron sus propios hombres quienes lo ejecutaron.
¿Sigue siendo la FEZ la unidad más letal?
Si analizamos la estructura, la FEZ nació formalmente en 2001, evolucionando desde el Batallón Aerotransportado de la Marina. Se dividió inicialmente en las fuerzas especiales del Golfo y del Pacífico, sumando más tarde a las fuerzas especiales del centro en 2008. Su letalidad se apoya en un arsenal diverso que incluye el rifle de asalto C516 Gen 12, la subametralladora MPX y la carabina M4, además de rifles de francotirador PSG1 y ametralladoras ligeras M249.
Su desempeño en el terreno se evidencia en operativos como Cuerno 3, donde eliminaron a un jefe criminal de Sinaloa.
Sin embargo, la eficacia no es absoluta. La Operación Jalisco en mayo de 2015 fue un fracaso táctico y estratégico. El objetivo era capturar al líder de la organización criminal de Jalisco, pero la operación terminó con ataques a la población civil y el derribo de un helicóptero Kugar de la Fuerza Aérea. Nueve militares murieron y seis resultaron heridos.
El error fue una falla de inteligencia básica: no previeron que la escolta del capo contaba con una ametralladora Browning M2, fusiles M82 Barret y lanzagranadas RPG. Las balas de la Browning atravesaron el fuselaje en pleno vuelo, destruyendo el rotor y obligando al piloto a planear para evitar que toda la tripulación pereciera.
El éxito se recuperó con la Operación Cisne Negro en 2016. El equipo Roble de la FEZ logró la captura definitiva de Joaquín El Chapo Guzmán en Los Mochis. Tras un asalto sangriento donde se utilizó una puerta de metal derribada a mazazos, los operativos aseguraron al capo en un auto robado.

La brutalidad alcanzó su punto máximo en la Operación Barsina en febrero de 2017. El equipo Puma de la FEZ eliminó a Juan Francisco Patrón Sánchez, alias H2, en Nayarit. La acción fue una respuesta directa a la muerte de seis militares en Culiacán meses antes.
Para garantizar la eliminación de H2, la Marina utilizó un Black Hawk equipado con una minigun de calibre 7,62 capaz de disparar 3,000 balas por minuto. El ataque nocturno fue devastador; el video de la operación muestra cientos de disparos concentrados en segundos sobre la casa del objetivo.
La superioridad técnica es un hecho comprobado. En mayo de 2024, los operativos mexicanos derrotaron a fuerzas especiales de otros 15 países, incluyendo a los Boinas Verdes de Estados Unidos y equipos de Colombia, en la competencia internacional Fuerzas Comando celebrada en Panamá.
El ejército mantiene su núcleo en el Centro de Adiestramiento de Fuerzas Especiales en Temamatla, donde se coordinan cinco de los seis batallones activos. A pesar de la reorganización de 2013, que redujo la plantilla de 5,000 a 3,000 operativos, la autonomía de estas unidades permanece intacta, reportando sus acciones únicamente al alto mando y al presidente de la República.
Los operativos mexicanos vencieron a sus pares del continente en las pruebas de resistencia y tiro de Fuerzas Comando 2024.