
Al final del verano de 2016, en la península de Yamal, un niño pastaba renos cuando el suelo que siempre había estado firme comenzó a ceder. El brote de ántrax que se desató aquel año en Siberia no fue un accidente: fue una advertencia. Las esporas de Bacillus anthracis llevaban décadas congeladas en el permafrost y reaparecieron cuando una ola de calor excepcional descongeló capas que no se derretían desde hacía generaciones. Decenas de personas enfermaron y más de 2.000 renos murieron. Alaska, con el mismo tipo de suelo helado, miraba de reojo.
Porque bajo la superficie de Alaska no solo hay hielo. Hay archivos biológicos que el planeta no ha terminado de leer.
El túnel que conserva 43.000 años de materia congelada
A quince kilómetros de Fairbanks, excavado en una colina, el túnel de permafrost Fox permite caminar por dentro de una capa de tierra que ha permanecido congelada desde el Pleistoceno. No es una cueva natural: es una antigua mina de oro reacondicionada como laboratorio subterráneo. Allí, los científicos estudian directamente el permafrost, ese suelo que mantiene su temperatura por debajo de cero durante al menos dos años seguidos.
En sus paredes se ven cuñas de hielo de más de cuatro metros de ancho y raíces que aún conservan su estructura. También aparecen restos de mamuts y microorganismos que llevan decenas de miles de años en animación suspendida. Las muestras extraídas del túnel han permitido reconstruir ecosistemas enteros, pero el foco actual está en algo menos espectacular y más urgente: los microbios que despiertan cuando el hielo se retira.
El riesgo ya tiene precedente documentado. En 2016, un brote de ántrax en la región siberiana de Yamal se vinculó a una carcasa de reno infectada que había quedado expuesta tras el deshielo. El incidente afectó a decenas de personas y puso sobre la mesa un escenario que hasta entonces parecía ciencia ficción: patógenos antiguos capaces de volver a circular. El mismo mecanismo aplica a Alaska, donde el derretimiento del permafrost podría liberar bacterias y virus con los que el sistema inmunitario humano no ha tenido contacto en milenios.
Virus congelados y el precio del carbono atrapado
En 2023, un equipo francés liderado por Jean-Michel Claverie anunció la reactivación de virus gigantes extraídos de muestras de permafrost siberiano. El más antiguo tenía 48.500 años y seguía siendo infeccioso para sus huéspedes naturales, aunque no para los humanos. La comunidad científica reaccionó con cautela, pero nadie descartó la posibilidad de que otros patógenos con capacidad de infectar personas terminen apareciendo.
El problema no se limita a lo biológico. El permafrost almacena el doble de carbono que la atmósfera actual. Al descongelarse, ese material orgánico comienza a descomponerse y libera metano y dióxido de carbono, acelerando el calentamiento que lo está derritiendo. Es un circuito de retroalimentación que ya se observa en el Ártico: cuanto más se calienta, más se deshiela; cuanto más se deshiela, más se calienta.
Mercurio acumulado durante milenios en el Yukón
Hay otra carga tóxica escondida en el suelo congelado. Un estudio publicado en Environmental Research Letters midió los sedimentos del río Yukón y encontró concentraciones de mercurio que superan todo el mercurio presente en los océanos, la atmósfera y el suelo del planeta combinados.
Las plantas que crecieron en la tundra durante milenios absorbieron mercurio de la atmósfera y lo depositaron en el suelo. Cuando el permafrost se congela, ese metal queda atrapado. Cuando se derrite, fluye hacia los ríos. Allí puede transformarse en metilmercurio, una forma altamente tóxica que se acumula en la cadena alimentaria y daña el sistema neurológico. Las comunidades indígenas de la región, que dependen del salmón y de la caza, serían las primeras afectadas.
Supervolcanes y calderas ocultas en las Aleutianas
La actividad geológica bajo Alaska tampoco es un asunto cerrado. Investigadores han documentado la posible existencia de una gran caldera volcánica bajo las islas de las Cuatro Montañas, en el arco de las Aleutianas. Los datos de gravedad satelital, los mapas batimétricos y los patrones de microterremotos apuntan a una cámara de magma compartida por al menos cuatro volcanes. El monte Cleveland, uno de los más activos de la zona, ha entrado en erupción decenas de veces desde 2001.
Si se confirma la caldera, estaríamos ante un supervolcán de unos 20 kilómetros de diámetro, comparable al que eruptó en Indonesia en 1257 y enfrió el clima global. El hallazgo sigue en fase de verificación, pero los científicos planean buscar rastros de ceniza en núcleos de hielo para datar su última gran explosión. La dificultad de acceso a la zona ha retrasado el estudio durante años.
Una Alaska tropical que vio nacer a los dinosaurios
El pasado profundo de este territorio ofrece un contraste brutal con su presente. Hace unos 100 millones de años, lo que hoy es Alaska tenía un clima cálido y húmedo, parecido al de Miami actual. La formación Nanushuk, al norte de la vertiente de Brooks, ha entregado fósiles de plantas, tocones de árboles y huellas de dinosaurios que confirman la existencia de bosques densos y ecosistemas fluviales.
Los investigadores Anthony Fiorillo y Paul McCarthy lideraron el estudio de esta unidad geológica del Cretácico medio. Las precipitaciones anuales rondaban los 180 centímetros. La vegetación sostenía poblaciones de hadrosaurios, tiranosaurios y aves primitivas. El hallazgo de Ugrunaaluk kuukpikensis, un hadrosaurio descrito a partir de restos del Parque Nacional de los Puertos del Ártico, reforzó la idea de que estos animales no solo transitaban la región, sino que se reproducían allí.
En años recientes, el descubrimiento de un talatosaurio llamado Gunakadeit joseaae, un reptil marino del Triásico, vino a llenar un vacío en la historia evolutiva de estos animales. Aunque no era un dinosaurio, su cráneo puntiagudo y su adaptación al mar poco profundo lo convierten en un espécimen de referencia para Norteamérica.
Cómo sobrevivían los dinosaurios a la noche ártica
La cuestión más compleja es fisiológica. En el Cretácico, los dinosaurios del norte de Alaska habrían enfrentado inviernos con semanas de oscuridad total y temperaturas bajo cero. ¿Cómo lo hacían?

Los estudios de secciones transversales de huesos fósiles del yacimiento del río Colville muestran anillos de crecimiento con pausas, un patrón consistente con una reducción del metabolismo durante el invierno. Algunas especies pequeñas, como el Oryctodromeus, habrían excavado madrigueras para resguardarse. La presencia de crías y huevos en la formación Prince Creek indica que estos dinosaurios vivían en el Ártico todo el año, en lugar de migrar hacia el sur.
La hipótesis más aceptada hoy es que eran endotermos: generaban su propio calor corporal, probablemente cubiertos por plumas vellosas. Es un escenario que obliga a repensar la imagen clásica de los dinosaurios como reptiles de climas cálidos.
La gripe española y el cementerio bajo el hielo
Alaska también ha servido como laboratorio para la medicina moderna. En 1918, la gripe española causó estragos en la península de Seward. El pueblo de Brevig Mission perdió a la mayoría de sus habitantes. Los cuerpos quedaron enterrados en fosas comunes y el permafrost los preservó.
En 1951, el microbiólogo sueco Johan Hultin intentó recuperar tejido pulmonar de los cadáveres, sin éxito. Cuarenta y seis años después, con la técnica adecuada, Hultin regresó, obtuvo el permiso de los ancianos locales y extrajo una muestra viable. El análisis permitió reconstruir el virus de 1918 y confirmar su origen aviar, lo que condujo al desarrollo de una vacuna protectora.
El mismo territorio guarda evidencias más antiguas de la ocupación humana. En el sitio Upward Sun River, a orillas del río Tanana, se hallaron restos cremados de un niño de tres años con una antigüedad de 11.500 años. El ADN extraído pertenece a un linaje denominado paleo-beringio antiguo, distinto de las poblaciones nativas americanas actuales. Los análisis genéticos han revelado que el poblamiento de América fue un proceso complejo, con al menos dos migraciones principales y una mezcla posterior con linajes paleo-siberianos.
Criopegas y vida extraterrestre
En las profundidades del permafrost de Alaska, investigadores de la Universidad de Washington hallaron bolsas de agua salada atrapadas durante más de 50.000 años. Estas estructuras, llamadas criopegas, contienen comunidades microbianas activas a temperaturas bajo cero. Las bacterias que sobreviven allí no solo resisten el frío, sino que han evolucionado en aislamiento absoluto.

El descubrimiento interesa a la NASA porque ambientes similares podrían existir en Marte o en la luna Titán. La misión Dragonfly, prevista para 2026, buscará señales de vida en la superficie de Titán. Las criopegas de Alaska son el modelo terrestre más cercano a lo que esa sonda podría encontrar.
El desfiladero que Washburn intuyó desde el aire
En 1937, el explorador Bradford Washburn sobrevoló la cordillera de Alaska y observó que el glaciar Rut descendía entre el Denali y el monte Silverthrone, comprimido en un corredor de granito de apenas un kilómetro de ancho. Intuyó que bajo el hielo se escondía un desfiladero de proporciones excepcionales.
No pudo comprobarlo. Décadas más tarde, un equipo científico con radar de penetración de hielo y motos de nieve volvió al lugar. Los resultados confirmaron la intuición: el lecho rocoso del glaciar Rut se hunde más de 1.000 metros por debajo de la superficie del hielo, lo que lo convierte en el cañón más profundo de América del Norte.
La próxima vez que el termómetro arroje un récord en Fairbanks, conviene recordar que no solo se derrite infraestructura. Se derrite un depósito de historia natural y patógena que el Ártico ha cuidado durante milenios, sin que nadie preguntara si quería despertar.
En 2026, la NASA enviará un dron a Titán con instrumentos diseñados para detectar procesos orgánicos. Es posible que la respuesta a la vida fuera de la Tierra esté escrita en el ADN de las bacterias que hoy se extraen bajo Alaska. Pero antes de buscar allá arriba, quizá habría que cerrar todas las puertas que el deshielo está abriendo aquí abajo.